¿Un esoterismo científico?

Es interesante a veces partir de un punto, como en principio pareciera, tan inconexo de la espiritualidad como es la informática y ver que en el fondo, estamos hablando de lo mismo. La historia personal a veces lleva a replantearse creencias basamentales (un agradable juego de palabras entre base y mente), aprehendidas en la niñez y arrastradas por una intricada herencia secular. En casos particulares, quizá el vacío religioso pueda transformarse en una necesidad madura de conocimiento basado en pruebas prácticas.

Con el tiempo, se comprende que la información es una medida de certidumbre, podríamos arriesgarnos a decir una porción de la verdad; la información sobre cualquier evento, habiendo realizado las definiciones adecuadas al contexto, brindan conocimiento, una medida de información que esotéricamente hablando, nos acerca a la Verdad: ¿hay acaso un concepto más pegado a la Espiritualidad que la Verdad?

En informática, los estudios sobre bases de datos, análisis de patrones y minería de datos comienzan a abrir una nueva vista panorámica de cuan importante es la información y como una enriquecida manipulación e integración con datos externos permiten generar conocimiento e intensificar el entendimiento sobre un tópico en particular. Charles Fort desde su condenado libro nos sugiere:
Vean cómo la ciencia tiende, en su punto de partida, a negar mientras pueda las relaciones exteriores a esta Tierra. Mi libro, precisamente, es un compendio de datos sobre estas relaciones. Sostengo que mis datos han sido condenados, no por consideración a su mérito o su falta, sino de acuerdo con una tentativa general de aislamiento de esta Tierra. Una tentativa de positividad. [...] Y la gigantesca tentativa latente que expresa la Ciencia permanece indiferente a la justificación misma de la Ciencia, la cual ve en el espíritu vital una tendencia a la regularización.
[...] No hay nada verdadero que aprender de ellos. Mientras que la sistematización de los pseudo-datos es una aproximación hacia la realidad, hacia el despertar final.
Años más tarde, otro benemérito buscador, el astrofísico y doctor en informática Jacques Vallée coincidiría en su libro Dimensions (Crónicas de Otros Mundos) de una forma semejante:
Aquello que hace que las observaciones sobre el fenómeno OVNI sea interesante a mis ojos es precisamente lo que rechazan los especialistas de otras disciplinas científicas haciéndolos apartarse con horror: su absurdo aparente.
Mi dominio en la investigación es la naturaleza de la información, el uso que de ella hacen los hombres, su transcripción bajo la forma de documentos, su aplicación a la inteligencia artificial y su tratamiento informático. Las técnicas de este dominio pueden ser empleadas para compilar, tamizar, clasificar los testimonios y buscar nuevos esquemas.
La Dama Blanca, como Alethia Gnóstica,
cede al Portador el Cristal de Estrella:
"Una Luz cuando todas las otras
luces se hayan extinguido"
Así es: manipular información puede expander la luz o fragmentarla; podemos atesorarla, como el Cristal de la Dama, para brindarla a aquellos que deambulen en soledad atravesando los abismos de eterna ignorancia o, al contrario, como la horripilante y mítica araña intentar engullirla y vomitar sólo oscuridad.

De acuerdo a nuestra realidad consensuada nos encontramos en la pináculo de nuestra realización; las ciencias nos han brindado tecnologías indiscutibles y quizá hasta un cierto anestésico bienestar; nuestros gobernantes, una legislación civilizada junto con formación e incluso, entretenimiento; toda esta infraestructura pretende brindar cierta seguridad para que, el día de mañana, nuestra descendencia efectúe el mismo ciclo seguramente aun en mejores condiciones de bienestar. Sin embargo, algunas preguntas e inquietudes han quedado como reliquias: atesoradas antigüedades filosóficas -o mejor aun- como cuestiones mitológicas... por ejemplo, el papel que ocupamos en el Cosmos pareciera un notable interrogante. Para la mayoría de nuestros científicos esto no reviste de mayor importancia, mientras el común de las personas siga consumiendo tecnología (electrónica, médica, biológica, etc). H.P. Lovecraft, quizá tuviese algo que comentarnos al respecto:
A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos.
Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella [...]
Esta recopilación de textos pretende hilvanar algunas conclusiones sobre el arcano relicario junto con investigaciones marginales bajo una infraestructura fundamentada en modelos de entendimiento racionales y siempre que sea posible asentado en bases científicas: un esoterismo científico; pero queriendo evitar un eventual oxímoron, invitamos a las palabras de Meade Layne, quien en su libro The Ether Ship Mystery concluía:
Hoy la ciencia del mañana es llamada esoterismo y ocultismo, y quizá estas palabras connoten ilusión, superstición o engaño. Ha ocurrido así en el pasado, y así ha de ser hoy, aunque quizá por poco tiempo. [...]
El ocultismo del presente es la ciencia del mañana; este pensamiento puede ser odioso para algunos, sin embargo es un hecho que se ha comprobado a lo largo de la historia. El futuro de nuestra cultura le pertenece al hombre de ciencia esotérico o al ocultista entrenado científicamente; por supuesto, si sobrevive a la próxima debacle inminente.
Tal vez de eso se trate: un mosaico andrajoso donde la unión entre cada pieza es sutil, aunque desde el fondo se adivina algo más sustancioso, semejante al concepto de las redes semánticas difusas; como si un fragmento del Tercer Tema del Ainulindalë se encontrara en batalla con otra música vana y estridente, que por alguna mágica razón, pudiese ser escuchado sin interferencias y que eliminara cualquier posible incertidumbre. Quizá habitemos en aquellos tiempos tan pronosticados, tal vez ante las puertas del aquel Acorde Final, más profundo que el Abismo, más alto que el Firmamento, penetrante como la luz de los ojos que reflejan la Verdad.

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