La arquitectura del sistema de control hiperdimensional

Asombrados los ojos se posan en una situación que odiamos y que se repite incesantemente, con la precisión del péndulo hermético: la obra se despliega con diferentes actores, con múltiples escenarios e incluso con variados diálogos; sin embargo, tarde o temprano se desencadena la tragedia y el corazón comienza a palpitar enloquecido: otra vez el disparador de la situación detona invitando a los comensales de las emociones negativas.

¿De qué forma aquello que deseamos evitar es lo que termina ocurriéndonos? ¿Cómo podemos modelizar matemáticamente una situación que involucra múltiples actores, situaciones y sincronismos con probabilidad tan infinitésima como efímera de ocurrencia, sin la connivencia de las partes? Y por añadiduría no debemos olvidar nuestros esfuerzos personales para que el evento no se desencadene... cosa que de todas maneras ocurre. Seguramente los matemáticos puros huirán evitando modelar esta clase de escenario etiquetándolo arbitrariamente como hecho social, huyéndole prestos por la cantidad de variables desconocidas.

Donde falla la ciencia, quizá el esoterismo pueda brindar alguna hebra de luz: Castaneda postuló con claridad la instalación foránea, la ufología no se quedó atrás y desde la publicación de los libros de Zecharia Sitchin y William Bramley que reflotaron las hipótesis sobre la manipulación del ADN humano, el eco de nuestros orígenes se agitó como una mueca sombría del pasado; Rene Boulay en Serpientes y Dragones Voladores coincidió con una postura análoga:
A través de la manipulación biológica, el Anunnaki o el Nefilim tomó un hombre mono existente y le dio la parte de su divinidad, su sangre sauriana. Algo de las Escrituras confirma el hecho de que los experimentos biológicos fueron conducidos en la tierra y que algunos de éstos se salieron de control. Estos experimentos parecen haber sido hechos rutinariamente por los Nefilim, que no solamente poseían técnicas avanzadas en medios de transporte y comunicaciones, sino también en las ciencias biológicas.
Es evidente que algo han hecho los dioses para que seamos lo que somos: esclavos de nuestras emociones reactivas, proveedores de loosh del Jardín (o vil sembradío) de los Dioses, Bramley acertó con esto al sostener:
Los Custodios [Arcontes, las entidades negativas en Cuarta Densidad] claramente no querían que la humanidad comenzara a recorrer el camino hacia la recuperación espiritual. La razón es obvia. La sociedad Custodia quería esclavos. Es difícil hacer esclavos a gente que mantiene su integridad y sentido de la ética. Llega a ser imposible cuando aquellos mismos individuos no son acobardados por amenazas físicas debido a que han captado el despertar de nuevo de su inmortalidad espiritual. Más importante, si los seres espirituales no pudieran ser atrapados más en cuerpos humanos, sino que en su lugar usan y abandonan cuerpos a voluntad, no habría seres espirituales disponibles para animar cuerpos de esclavos.
Este párrafo refuerza la idea de que la impecabilidad de conducta parece ser un escollo para los intereses autoritarios de los dioses, y si bien suena contradictorio, la idea de espiritualidad debiera disociarse del concepto religión, al menos de las religiones dogmáticas y teócratas. Para elaborar una conclusión completa: los dioses reconfiguraron un ser animal que sirvió de base para anclar procesos emocionales centrados en la ilusión de la supremacía del ego e importancia propia; lo que hoy somos no dista demasiado de las lapidarias palabras del filósofo rosacruz John Baines:
Se argumentará que el Sapiens, a diferencia de otras especies, siembra, produce y labora sólo para sí mismo y no para otros seres. Esto es efectivo en lo que se refiere a los productos y materiales que el Sapiens emplea para su propia manutención. Ninguna especie, no humana roba al Sapiens el producto material de sus esfuerzos. No ocurre lo mismo, en cambio, con los frutos sutiles producidos por el árbol humano (sistema nervioso) en su existencia cotidiana.
Estos, son rápidamente "cosechados" por ciertos seres que se encuentran en una escala evolutiva mucho más alta que el ser humano, verdaderos dioses del espacio, que profitan del esfuerzo humano, pero que a la vez cumplen ciertas funciones cósmicas, es decir, ocupan un importante puesto en la economía universal. Ya los hemos mencionado anteriormente, llamándolos, los Arcontes del Destino.
En concisas palabras, los dioses han creado una impostura que hoy denominamos hombre moderno, con fantásticos atributos intelectuales y con dos tercios de su cerebro en un frenesí egocéntrico y soñador; el primer tercio es el cerebro reptil, la ROM del computador cerebral, que de por sí responde reactivamente con violencia primigenia y salvaje; mientras que el segundo tercio, el sistema límbico se encuentra en un baño de emociones ilusorias bajo un trance hipnótico, como una placa inalámbrica emitiendo señales internas que se nos escapan pero que tal vez se utilicen dinámicamente para producir o encausar los sincronismos negativos.

Tan sólo nos queda un tercio de nuestro cerebro, la neocortex, la cual hallamos vilipendiada por la programación socio-política, religiosa, medios de comunicación y el marketing de la feliz vida consumista. Esta poca "RAM" de computador consciente, que la mayoría busca acallar con dosis de diversa anestesia socialmente aceptada, es lo poco que nos queda para el trabajo interior.

El loosh o moneda etérica,
adentro la instalación foránea,
dejando afuera a la Libertad
Pero retornemos a aquel tercio en trance hipnótico: esta es la plataforma "cliente" que reside en nuestros cerebros y que trabaja de interfaz con el sistema de control hiperdimensional, (1) el programa "servidor" que nuclea y optimiza las extracciones de loosh masivas (tal vez, a través del karma grupal que decante en guerras o hecatombes) o individuales (como las manipulaciones románticas); es así entonces, como se cierra el círculo que provoca los sincronismos negativos: una sofisticada tecnología etérica que provee de continuo alimento a los dioses, de la cual formamos silenciosamente parte; del libro Far Journeys (1985) de Robert Monroe:
La producción de Loosh se mantuvo a un nivel constante a través de la supervisión de los Recolectores [¿quizá los Grises?]. Las únicas alteraciones fueron ordenadas por los mismos Sembradores [las entidades de consciencia superior de orientación egótica o los Arcontes del Destino]. Bajo sus instrucciones, los Recolectores periódicamente cosechaban segmentos específicos del Sembradío. Esto se hacía con el fin de adecuar los químicos, la radiación y otros nutrientes para las unidades venideras [las que reemplazarán a la actual Humanidad]. Pero también se efectuaba para recolectar Loosh adicional en tal cosecha.

Para optimizar la recolección, los
Recolectores generaban turbulencia y caos en la envoltura gaseosa y en el núcleo que forma la base del Jardín. Estas hecatombes tienen el efecto de culminar con la vida de multitudes de sembradíos, dado que son aplastados por los movimientos telúricos, el fuego emanado de los terremotos o el agua que ha sido agitada.
¿Y por dónde comenzar a desbaratar esta maquinaria infernal? Tal vez no podemos acallar aquello que resida en el cerebro reptil, pero seguramente podemos trabajar en el discernimiento para ignorarlo o rechazarlo. Y luego queda la ardua tarea de volver consciente lo subconsciente: el trabajo interno consiste en recorrer pieza por pieza aquella parte en tinieblas y llevarla a la luz de la consciencia donde es posible transmutar los samskaras en herramientas fiables con las que podamos contar.

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(1) También conocido como El Ente (Roberto Torres), El Sistema de Control (Jacques Vallée), Matrix Control System (Thomas Minderle), Matrix (Val Valerian), El Cerco del Mago Astuto (Gurdjieff), El Fuego de los Alquimistas (Fulcanelli), El Computador Central (John Baines) entre otros.

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