Howard Phillips Lovecraft interpretamos a través de sus obras, fue otro errante que participó de mala gana de su estadía en estos extraños parajes; aquellos interesados en sus cuentos, sabrán que la mayoría de estos no llegaron a la altura de
Poe,
(1) a la profundidad de
Borges ni a la coherencia mitopoeica de
Tolkien. Sin embargo, hay una cuerda profunda que resuena en sus relatos... como si a través del letargo de sus curiosas y frecuentes enfermedades, su sofocado desaliento por el antirromanticismo casi patológico de nuestra era moderna, o tal vez porque, a diferencia de la mayoría que permanece dormida en la ilusión, logró ver con objetividad la trágica ubicación de la humanidad en el Cosmos.
Si analizamos sus relatos, la gran mayoría de ellos nombra a extrañas entidades denominadas
Los Antiguos y otras aun más ominosas conocidos como
Los Dioses Exteriores. Estas entidades parecen coexistir con la
Humanidad, y la tragedia -en general, dentro de sus cuentos cualquier personaje que observa, pacta o invoca a alguno de ellos culmina con un ataque de locura sino algo peor- acontece cuando los caminos se cruzan.
Pero por extraño que parezca, la locura que afecta a los personajes no parece ser una consecuencia directa causada por estas entidades -al menos en la mayoría de los relatos- sino más bien porque el protagonista no puede soportar la nueva panorámica de la realidad, es decir, la presencia de estos seres deja en claro que la perspectiva de la humanidad como punto cúlmine de la cadena alimenticia es falsa; del cuento
Del Otro Lado (
From Beyond, 1920) de
H. P. Lovecraft:
(2)
Súbitamente, comprendí que yo también tenía una suerte de visión amplificada. Sobre la caótica confluencia de luces y sombras, se erigió una escena que estaba dotada de solidez y precisión, a despecho de su aparente vaguedad. De alguna manera no parecía tan extraño, ya que la imagen insólita se imprimía sobre el transfondo terrestre conocido, a la manera en que una cinta cinematográfica se proyecta sobre un telón blanco de un teatro. Pude ver el laboratorio del altillo, la máquina eléctrica y la figura desencajada de Tillinghast enfrente mío; pero ninguna ínfima proción del espacio que separaba a estas cosas estaba vacía. Infinitas formas indefinibles, vivas o inertes, se entreveraban en un caos abominable; y al lado de cada objeto conocido, se movían mundos enteros y seres exóticos e ignotos. También parecía que los objetos cotidianos componían los desconocidos y viceversa. Había entre los seres vivos, principalmente, monstruos negros y pegajosos que se estremecían fláccidamente siguiendo el ritmo de las vibraciones que emitía la máquina. Su presencia era abarcadora, y descubrí horrorizado que se superponían, que era semifluidas y capaces de penetrarse mutuamente, atravesando lo que conocemos como cuerpos sólidos. Jamás permanecían inmóviles, sino que parecían moverse con algún objetivo malvado. Con frecuencia, se comían los unos a los otros, arrojándose el atacante sobre la víctima y haciéndola desaperecer de la visión. [...]
— ¿Lo ves? ¿Lo ves? ¿Ves los seres que flotan y caen en torno y a través tuyo a cada momento de tu vida? ¿Ves las criaturas que forman parte de lo que los hombres llaman aire puro y cielo azul? ¿No he logrado romper la barrera, no te he mostrado mundos que ningún otro ser vivo ha visto? [...] ¿Crees que esos seres ameboides mataron a los criados? ¡Son inofensivos! Pero los criados han desaparecido, ¿no? [...] ¿Qué fue lo que mató a los criados? ¿Qué fue lo que los hizo gritar así?... no lo sabes, ¿eh? ¡Pronto lo sabrás! Mírame, escucha cuanto te digo, ¿crees que existen de verdad cosas tales como tiempo y magnitud? ¿Crees que existen cosas como forma y materia? ¡Pues yo te digo que me he sumido en profundidades que tu pequeño cerebro no alcanza siquiera a intuir! He visto más allá de los límites del infinito y frecuentado a los demonios de las estrellas... he viajado a lomos de las sombras que saltan de mundo en mundo sembrando la muerte y la locura... el espacio me pertenece, ¿me oyes? Tengo a ciertos seres ahora a mis talones, seres que devoran y disuelven, pero yo sé cómo escapar de ellos.
En efecto,
Los Antiguos y
Los Dioses Exteriores parecen estar por encima de la Humanidad, y en todo caso la devoran o esperan que esta le rinda extraños cultos. Aquellos que conozcan el ensayo sobre el
Necronomicon de
Colin Wilson podrán comprender más a fondo el correlato entre los mitos de
H. P. Lovecraft, los
aliens (o
ultraterrestres) y lo que en la mitología árabe se conoce como
Jinns o Genios; es ciertamente probable que
Los Antiguos no sean otros que la alta jerarquía de los
Sheytans o
Ifrits ubicados en la
Cuarta Densidad de servicio egocéntrico, conocidos como
Arcontes por los gnósticos:
Con todo esto me resulta fácil creer que, una vez Lovecraft quedó absorbido por sus Mitos Cthulhu, sus “invenciones” tomaron vida propia, obteniendo su vitalidad del inconsciente colectivo. Y veinticinco años después de su muerte, Pauwels y Bergier presentaron su propia evidencia con la conclusión de que los seres humanos no eran las primeras criaturas inteligentes que deambulaban por la superficie de este mundo y que la Tierra puede haber recibido visitantes del espacio miles, sino millones, de años antes de que el hombre apareciese (sus teorías fueron popularizadas por el suizo Erich van Daniken). Y en libros
con títulos como The UFO Menace y Why Are They Watching Us? los expertos en temas OVNI han adelantado teorías sobre los “alienígenas del espacio,” que se parecen notablemente a las últimas narraciones de “ciencia-ficción” de Lovecraft.
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The Old Ones cotéjese con la
descripción de los Reptoides
encapuchados en las
Transcripciones Cassiopaea |
Nos queda entonces ubicar a los
Dioses Exteriores... y aquí el Modelo provisto por el
Ra Material y confirmado una década más tarde por las
Transcripciones Cassiopaea nos puede echar algo de luz: al parecer y como la Realidad Física está dividida en cuatro soportes (tierra, agua, aire y fuego), los
Dioses Exteriores son aquellas entidades que han trascendido estas densidades físicas pero con una orientación egoncéntrica, y el grado de gravedad que han acumulado les impide abandonar su estado de quintaesencia: es decir, los
Dioses Exteriores permanecen en
quinta densidad y sólo pueden proyectarse en la realidad física a través de otros seres encarnados que los invoquen.
(3)
August William Derleth albacea y editor póstumo de su venerado
Lovecraft agregó el engranaje definitivo a los
Mitos de Cthulhu; ahora además de los nefastos
Antiguos y los terribles
Dioses Exteriores existían unos seres superiores y «benignos» conocidos como los
Arquetípicos.
Parece curioso, pero
Derleth dio en la tecla justa declarando que los
Arquetípicos no eran necesariamente «buenos» en el sentido humano, sino que actuaban de manera independiente, manteniendo una orientación creativa que se contraponía a las entidades del
caos que gobiernan la realidad humana. ¿Tal vez lo que conjeturó fue la
Sexta Densidad, aquellos seres de consciencia pura que honran la libertad humana? ¿Acaso no se los describe como los grandes enemigos de los
Dioses Exteriores, en eterna batalla por el Cosmos?
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