Uniformitarismo y catastrofismo

Pensemos por un momento en los ritmos estacionales de la naturaleza; estos transcurren en ciclos a los que estamos acostumbrados, como la constante revolución de las manecillas de un viejo reloj de pared. No por nada los textos herméticos y rosacruces insisten con el Principio Pendular y de Generación.

Si un observador neófito se topara con algún reloj que midiese las precesiones cósmicas, demasiado pronto sacaría conclusiones apresuradas: ¿acaso habría algo más que los visiblemente mensurables movimientos de las horas y minutos? ¡Oh, sí! Ahora entendemos este nuevo indicador que parecía no moverse: comprendemos que nos proporciona información sobre la revolución lunar.

Pero con el lento devenir de las semanas, el intelecto se embota con la repetición hasta que un nuevo e imperceptible marcador parece moverse: el ritmo estacional con las variaciones de temperatura y régimen de lluvias nos ha demostrado que nuestro reloj cósmico era más complejo de lo que pensábamos; este nuevo indicador que se mueve con excesiva tranquilidad en relación a los anteriores, efectúa una delicada revolución que atestigua un año sidéreo.

¿Nuestro observador se considerará satisfecho? Es muy probable. A lo largo de su vida, y la vida de su descendencia, el reloj cósmico ha mostrado una exactitud asombrosa informando solsticios y equinoccios, augurando tiempos de luz y cosechas, y previniendo los rigores del clima y las fuertes tormentas.

No fue hasta que pasaran varias generaciones de observadores que un ojo entrenado descubrió el velado dial que había pasado por una pieza decorativa. Este indicador se encontraba como fondo del gran reloj y en verdad parecía tan sólo un elemento que decoraba el marco central que se fundía en un armonioso juego de luces y sombras acentuando los desplazamientos de los demás indicadores en una sucesión de hermosos dorados, armoniosos plateados, desviados bronces y agresivos tonos de hierro. Del libro The Origin of Comets (El origen de los Cometas) de los autores Bailey, Clube y Napier:
En particular, los babilonios combinaron su astronomía con la idea de que la historia se repite, y con la fuerte creencia que los eventos celestiales ejercían control sobre los asuntos mundanos. La razón por la que este planteo haya surgido en las antiguas culturas mesopotámicas continúa siendo un enigma para los historiadores condicionados, tal vez como nosotros, con que el transfondo celeste es sólo un telón pasivo en el que se registran los eventos celestes.
Giorgio de Santillana y Hertha von Dechend plantean en el Il mulino di Amlethus (Hamlet's Mill en la versión inglesa) los detalles de esta intrincada máquinaria cósmica, la que descifran a partir de la mitología comparada de las culturas mesopotámicas, islandesa, precolombina e india. El Molino de Hamlet podría corresponderse con el oscuro significado del mítico Sampo del Kalevala finlandés; hemos hablado anteriormente sobre el Sampo y su semejanza con la Cornucopia o cuenco de la abundancia y que se relacionaría con las leyendas del Grial.

¿Nos hemos puesto míticos? Tal vez, pero no en el sentido usual de la palabra. Imaginemos que las constantes gravitatorias que rigen el plano físico no fueran tales, sino que pudiese fluctuar de vez en cuando en determinado sector de la galaxia.  ¡Horror!, gritarían al unísono los científicos ortodoxos. Nada de eso, aunque si bien es cierto que la realidad mutaría a una completamente diferente y, por cierto, nuestro soporte biológico también se alteraría de continuar vivos; leemos en el libro Universos Paralelos del físico teórico Michio Kaku (cap. Portales dimensionales y viajes en el tiempo):
Pero quizá la más extraña de estas anomalías [sobre agujeros negros, blancos y de gusano] es la posibilidad de universos paralelos y pasadizos que los conecten. Si recordamos la metáfora shakesperiana de que el mundo entero es un escenario, la relatividad general admite la posibilidad de trampillas, pero en lugar de llevarnos al sótano, nos encontramos con que las trampillas nos llevan a escenarios paralelos, como el original. Imaginemos que el escenario de la vida consiste en muchos pisos de escenarios, uno encima del otro. En cada uno de ellos, los actores recitan sus versos y se pasean por el decorado, pensando que su escenario es el único, ajenos a la posibilidad de realidades alternativas. Sin embargo, si un día caen accidentalmente en una trampilla, se encuentran lanzados a un escenario totalmente nuevo, con nuevas leyes, nuevas normas y un nuevo guión.
Las condiciones reinantes podrían dejar de ser del todo entrópicas, y ciertas leyes físicas, como aquellas de la termodinámica, deberían revisarse para adaptarlas al nuevo ambiente. Nuevas tecnologías surgirían o se readaptarían para aprovechar los recursos existentes: dispositivos o artefactos que hoy nos sonarían míticos. En el Material Seth, la serie de canalizaciones de Jane Roberts y Robert Butts, el capítulo IV del libro segundo, aporta una interesante hebra:
Ustedes creen que la historia física comenzó con el hombre de las cavernas y ha continuado hasta el presente, pero también han existido otras grandes civilizaciones científicas; de algunas de ellas se habla en las leyendas y otras les son completamente desconocidas; pero todas, hablando en vuestros términos, ya se han desvanecido.
Quizás les parece que como especie sólo tienen una oportunidad para resolver sus problemas, y que en caso contrario serán destruidos por su propia agresividad, por falta de comprensión y de espiritualidad. Igual que se les brindan varias vidas para que se desarrollarren y completen vuestras capacidades, de la misma manera las especies han sido dotadas con algo más que una única línea de desarrollo espiritual como la que conocen en la actualidad. La estructura de la reencarnación sólo es una faceta más de la totalidad del cuadro de posibilidades. En ella tienen literalmente todo el tiempo necesario para desarrollar aquellos potenciales que necesitan desarrollar antes de dejar el ciclo de reencarnaciones. Hay grupos de personas que, a lo largo de las reencarnaciones, se han encontrado con crisis tras crisis, han llegado a vuestro mismo punto de desarrollo físico, y entonces o bien han llegado más allá, o bien han destruido su propia civilización.
Si como se sugiere en pasajes del vilipendiado libro Forbidden Archeology de Cremo y Thompson que luego tomara Laura Knight para enriquecer su Historia Secreta del Mundo, el eco de esta tecnología pasara de una era a otra, el sentido se vería distorsionado dado que las condiciones del ambiente habrían sido fuertemente alteradas en sus constantes más básicas.

¿Adónde queremos llegar? Los años o revoluciones platónicas, entendidos como los ritmos estacionales cósmicos, desde la Edad Dorada a la actual Edad de Hierro son parte, en términos del principio hermético generacional, de una oscilación pendular entre las fuerzas creativas hasta su opuesto en las fuerzas entrópicas. Dichas oscilaciones implican cambios, denominémosle estructurales, en el tejido de la realidad física.

Las Cuatro Edades
en la Cruz de Hendaye
Sin embargo, ¿estas oscilaciones serán uniformes o implicarán cambios dramáticos al adoptar las nuevas constantes estructurales? ¿Y si tales eventos catastróficos fuesen parte necesaria, no lo veríamos acaso como un Fin del Tiempo o Tiempo del Fin? Quizá Fulcanelli en su celebrado libro El Misterio de las Catedrales nos oriente:
La Edad de Hierro no tiene más sello que el de la Muerte. Su jeroglífico es el esqueleto provisto de los atributos de Saturno: el reloj de arena vacío, imagen del tiempo cumplido, y la guadaña, reproducida en la cifra siete, que es el número de la transformación, de la destrucción, del aniquilamiento.

Robert Monroe: una visión sombría de la biología

Robert Allen Monroe, conocido por su empresa y en sus libros como RAM, fue un exitoso productor radial que tempranamente se desempeñó en áreas de aviación y mecánica; luego de fundar su empresa, destinó parte de su departamento de investigación a las técnicas de aprendizaje durante el sueño (sleep learning). Y según relata en Viajes fuera del Cuerpo, fue durante su propia experimentación sobre el tema, cuando descubrió un hecho inusual que se manifestó como parálisis del sueño con una seguidilla de vibraciones y luces brillantes —semejante a los fenómenos previos a una abducción— que culminó en una experiencia fuera del cuerpo (OBE o viaje astral).

En sus otros libros, Viajes Lejanos y El Viaje Definitivo desarrolla un intrincado tour de force desde este extraño punto de vista ajeno a la realidad física. Intentar resumir su obra puede llegar a ser complejo, dada la terminología peculiar que utiliza; sin embargo, es posible establecer semejanzas sustanciales entre el material ufológico al relacionar M-Band, o el espectro de pensamientos caóticos que envuelve a la Tierra, con el sistema de control hiperdimensional, los denominados Inspecs, acrónimo de Especie Inteligente (Intelligent Species) con las entidades de quinta o sexta densidad, o el término M-Field posiblemente relacionado al estado de plasma de cuarta densidad de la materia.

Monroe jamás trazó paralelismos con la ufología o con el ocultismo; no obstante esta salvedad, su obra está prolíficamente relacionada con el Mundo Imaginal de Carl Gustav Jung o Kenneth Ring, entendida como la realidad de los sueños o etérica, más vasta y menos restringida pero sin embargo objetiva, visible no con los ojos físicos sino con los órganos atrofiados —en palabras del Dr. Samuel Sagan— de la visión interior. En su libro Viajes Lejanos, Monroe presenta un escenario biológico alternativo, donde la supervivencia del más apto está basada en un modelo de restricción y control, puesto en régimen por entidades superiores o Sembradores, que buscan la recolección de un bien escaso denominado Loosh.

El Loosh suele encontrarse diseminado a lo largo del Universo en los polímeros de carbono, pero se atesora y recolecta cuando una criatura viviente es fagocitada y/o destruida. Los Sembradores desarrollaron distintas cepas de cultivos en busca de un Loosh destilado o puro: minerales, plantas, animales y finalmente el Cuarto Cultivo o la humanidad. Podemos asociar el Loosh destilado como la energía creativa o consciencia pura. Es notable la coincidencia con los escritos de Michael Topper, autor de varios artículos de la colección de libros Matrix:
En las densidades superiores, "Consciencia" es el nombre del juego. Esto sencillamente quiere decir que en los niveles superiores de existencia, sean de orientación positiva o negativa, todos comprenden que el negocio de todo ser y la existencia de todo lugar está en función de la Consciencia... estando más y más "Alerta." Estar despierto se relaciona con "densidad" de consciencia, por así decir. Las entidades negativas o entrópicas consiguen mayor nivel de consciencia al "ganar peso" por medio de la asimilación de otras unidades conscientes. [...]
Las entidades positivas piensan de otra forma: al integrar dentro de su conocimiento a los demás seres —el hecho de reconocer la consciencia de otro ser— ésta formará entonces parte de la propia consciencia; luego, reconocer la Pluralidad de la Creación es crecer en Consciencia. [...]
Los seres negativos desarrollan un juego de dominación, subyugación y absorción de otras consciencias en un solitario "Uno." Pero ellos comprenden que la absorción completa sólo es posible a través del convencimiento de las otras consciencias: que otros deben elegir el camino del "engrandecimiento del ego." Una "comida" reacia no es nutritiva, y se transforma en veneno para la consciencia que trata de asimilarla. [...]
Monroe describe la evolución de la vida orgánica en la Tierra como una serie de experimentos de los Sembradores en busca del cultivo perfecto: la creación de un ser que les provea continuamente de una provisión de Loosh destilado. Las primeras pruebas fueron en las aguas con algas (Estacionarios) y crustáceos (Móviles); más tarde se hicieron nuevas pruebas —¿quizá la Explosión del Precámbico?— en la atmósfera con seres que devoraban grandes cantidades de vegetales, pero al descubrir un nuevo cultivo que devoraba a sus pares, los Sembradores barrieron con un cataclismo e introdujeron esta nueva modificación.

El conflicto basado en el instinto de supervivencia —la sombra de lo que más tarde evolucionaría en emociones— apareció en este nuevo cultivo: ya no era necesario que se devorara un ser para que apareciese el Loosh, el miedo para sustentar las funciones vitales proveía de cantidades nunca antes vistas, fue así como nació un nuevo experimento: el Cuarto Cultivo, que ahora poseía todas las mejoras previas como violencia reactiva e instinto de supervivencia propia y de su descendencia, pero además se injertaron optimizaciones para extraer un Loosh más puro a partir de las emociones cuando las unidades se sintiesen apartadas de sus semejantes —quizá la semilla de las manipulaciones afectivas—: los Sembradores habían identificado que algunos seres del cuarto cultivo producían un Loosh destilado (conocido en sus libros como DLP formula: distilled loosh producers) cuando se sentían insatisfechos e irrealizados dentro de los límites del plano físico y no podían encontrar su ser polar.

Este descubrimiento derivó entonces en una de las últimas modificaciones sobre el Cuarto Cultivo: el injerto de parte de la mente de los Sembradores, lo que bien puede ser reconocido como la Instalación Foránea en los escritos de Carlos Castaneda, una fórmula que redundó en una extracción profusa de Loosh al interponer el conflicto (quizá el complejo-R) y al anhelar en el plano físico realidades ilusorias (tal vez relacionado al sistema límbico siempre soñador), pero a la vez un vínculo directo al control de los deseos de la mente humana.

Los Grises (Grays), las entidades
tanáticas recolectoras de Loosh
Es notable la coincidencia de los escenarios con otros autores de Hermetismo, Ufología e Historia Alternativa como John Baines, Salvador Freixedo, Rene Boulay, Laura Knight-Jadczyk o William Bramley, sin que ninguno de ellos estuviese al tanto de las publicaciones de sus colegas; a su vez, nos plantea un enriquecido paradigma al por qué de los sacrificios rituales —humanos o de animales—, su relación con los portales orgánicos, como unidades diseñadas para el ordeñe directo, y las sondas recolectoras de cuarta densidad destinadas a trabajos especializados.

Quizá tengamos la posibilidad de trazar dos teorías difusas; en primer lugar, la realidad biológica del plano físico emerge como un experimento de fuerzas superiores, donde creacionismo y evolucionismo parecen ir de la mano sin demasiados entrechoques: uno es una fuerza artifical, (1) parafísica o etérica, que impone nuevos modelos biológicos alterando el ADN, jugando dentro de una realidad sustentada por el otro de manera natural (2) (control vs. libertad o artificio vs. naturaleza).

En segundo lugar y desde un punto de vista esotérico, es evidente que el Loosh representa en la jerga alquímica la energía creativa o quintaesencia encerrada en la burda materia; los Sembradores necesitan de esta energía pero no desean realizar el trabajo creativo, engendrando para esto diferentes autómatas —como el prototipo humano— para que haga su trabajo; esta idea no es nueva y ya Zecharia Sitchin junto a Erich von Daniken habían planteado un paradigma semejante, aunque sin la componente etérica; en verdad, podría verse la humanidad actual como un robot semiconsciente, buscando la gratificación física de manera constante, sin saber que en realidad está cosechando (a través del sufrimiento, la devoción, el desenfreno o la pasión sexual) la energía para parásitos de nivel superior.

De lograr un atisbo de consciencia desde esta nueva perspectiva, el ser humano podría optar por utilizar todos estos obstáculos como un camino a la libertad. Y este camino puede verse en dos etapas: la primera en deshacerse del complejo-R, eliminando gradualmente los pulsos egóticos reemplazándolo con conductas altruistas, pero el segundo, y no necesariamente indicamos que se opere en la misma existencia, sea despojarse de las ensoñaciones del sistema límbico, de manera de sólo utilizar la consciencia en plenitud. En pocas palabras, la falta de impecabilidad nos convierte en alimento.

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Ponerogénesis, abducciones y la patocracia

Imaginemos una raza alienígena de demonios que se alimentara de la miseria humana, y que estuvieran detrás de cada dolor, hambruna, peste o guerra ¿de qué manera podría esta civilización mejorar su fuente alimenticia? Si la tecnología no fuese un impedimento y lograse trascender los límites del tiempo, podría inyectar sutiles modificaciones en los eventos y crear sincronismos negativos; también podría alterar ciertos patrones genéticos para enfatizar características como la reactividad emocional, la búsqueda insaciable del placer o, mejor aun, disminuir la percepción de la población media ocultando los patrones de conductas psicopáticas de aquellos que detentan el poder.

¿Asistimos a una sucinta postal de la sociedad moderna?

Existe un velo sutil que cubre las ocultas asociaciones entre los tres rimbombantes términos: la ponerogénesis siendo la síntesis y desarrollo de la maldad, las abducciones como un proceso exógeno para la extracción o inyección de material genético y/o psíquico, y la patocracia entendida como un sistema de gobierno creado por una minoría patológica. Seguramente a algunos les sonará conspiranoico, ¿pero nos encontraremos tan inmersos en la realidad cotidiana que habremos perdido la sensibilidad de lo que está ocurriendo? William Bramley en su obra Los Dioses del Eden (The Gods of Eden) sostiene:
Las cuestiones a investigar podrían incluir: ¿En qué grado son las verdaderas personalidades sociopáticas dominantes de los gobiernos en la actualidad? ¿Porqué el pueblo las tolera? Aquellas religiones Custodio [Teócratas] que exigen obediencia a seres criminales alienados que ellos exhiben como “ángeles” o “Dios,” ¿han cegado a mucha gente para que sean incapaces de ver la sociopatía [trastorno antisocial de la personalidad] que realmente presentan?
El psiquiatra polaco Kazimierz Dabrowski nos puede brindar una buena pista con su teoría de la Desintegración Positiva, ofreciéndonos un punto de vista multinivel de la psiquis: en el primer escalón se encontrarían los sujetos con integración primaria, cuyas conductas se encuentran en las cercanías de los impulsos biológicos manteniendo una alta cohesión con nuestra realidad física/entrópica que el ojo entrenado no dudará en relacionarlo con los portales orgánicos.

A partir de este punto, los individuos pueden optar en acentuar intelectualmente las características proporcionadas por el Complejo-R en lo que Dabrowski denominó Crecimiento Lateral: un subjetivo refuerzo de las conductas urobóricas cuya hipérbole serían los psicópatas. Pero por otro lado, el individuo podría optar por el Crecimiento Global, ingresando en una espiral ascendente marcada por la objetividad y la lucha interior contra las conductas mecánicas, que llevaría al sujeto a remarcar su individualidad y a segregarse del resto.

Knight-Jadczyk en su iluminada reedición del libro Alta Extrañeza (High Strangeness), asocia la teoría del doctor Dabrowski al proceso de abducción; una concisa definición de abducción la describiría como el rapto de seres humanos por presuntas entidades biológicas extraterrestres; el ex-jesuita español Salvador Freixedo en su libro Teovnilogía, coincide en este punto en lo que podríamos denominar una visión colineal de la ponerogénesis que asola a la humanidad, postulando el por qué: el objetivo final de los procesos de abducción parecería tratarse no sólo en bloquear o refrenar las conductas altruistas o divulgativas sino en enfatizar el acervo genético de los psicópatas de turno; el procedimiento fue detallado originalmente en la documentación recopilada por Robert Teske en The Dulce Protocol:
  • la inserción de un dispositivo esférico de 3mm a través de la cavidad nasal del abducido dentro del cerebro [en el centro nervioso/óptico]; este implante es usado para monitoreo biológico, seguimiento y control del abducido;
  • implementación de sugestión posthipnótica para llevar a cabo actividades específicas durante una ventana de tiempo, con una planificación anticipada de 2 a 5 años;
  • eliminación de algunas víctimas, con el fin de obtener recursos biológicos para alimento;
  • asesinato de individuos que representen un peligro para la agenda alienígena;
  • experimentación de los efectos en ingeniería genética;
  • fecundación de mujeres y extracción de fetos para asegurar la supervivencia del híbrido.
Muchos de los predicadores de la Nueva Era coinciden en sostener un punto de vista positivo en las inteferencias exógenas, llegando al extremo de marginar a los abducidos que se consideren a sí mismos como víctimas de estas entidades parasitarias; sobre esta postura sumisa, que parece resonar con un Síndrome de Estocolmo cósmico, opinaba la doctora Karla Turner:
Hay una teoría [...] que dice que los abducidos que perciben sus experiencias de forma negativa, sólo lo hacen porque ellos mismos no son espiritual o psíquicamente avanzados. Las personas con un desarrollo cósmico superior tienen encuentros positivos con extraterrestres... y así la teoría sigue, y aquellos que tienen experiencias dolorosas o aterradoras son sólo unos Neandertales espirituales. Esta es la teoría favorita de los investigadores que afirman que los extraterrestres, ya sean objetivamente reales o no, sirven como “reflejos” de nuestra naturaleza espiritual sobre una base individual o de la especie en general.

Habiendo trabajado con tantos abducidos decentes, honestos y orientados positivamente, creo que esta teoría es incorrecta. Peor que incorrecta, es despreciable, tan despreciable como culpar a una víctima de violación por la violencia cometida en contra de ella. Esta actitud hace que muchos abducidos se sientan doblemente violados, primero por los extraterrestres que se los llevaron, y luego por los investigadores del fenómeno
OVNI a quienes acuden para explicaciones y ayuda.
Ponerología: el estudio del
ziggurat alimenticio
Pensémoslo de este modo: una civilización avanzada demoníaca, llamésela a gusto: arcontes, custodios o ángeles caídos, estaría detrás de una fuente alimenticia rica en emociones negativas generando dos humanidades en distintas proporciones: el neopsicópata o patócrata que explote su capacidad intelectual en refritar de manera continua las emociones negativas de una población sumisa; pero que dicha población, fruto de la adecuada mezcolanza genética, estuviese cegada de ver tal realidad y la tomara como cotidiano o mal necesario.

Cualquiera con un periódico en las manos coincidirá en que la dedicación al trabajo del arcontado rinde diariamente sus frutos; del segundo libro de Marshall Vian Summers, The Allies of Humanity (Los Aliados de la Humanidad):
[...] de las transmisiones provenientes de las bases que se encuentran en el interior de vuestro mundo, sabemos que varios “especímenes,” tal como se refieren a ustedes, han muerto o han tenido que ser consumidos por diversas razones. Y también sabemos que mucha gente está desapareciendo[...]
En su intento de engendrar un nuevo líder humano, un híbrido bajo su total control, ellos necesitan de estos recursos biológicos de los que hablamos. Esto a lo que nos referimos es la parte más secreta de su agenda, la que nunca revelarán por su propia voluntad [...]
Parafraseando al prestigioso Freixedo en sus libros La Granja Humana e Israel, pueblo contacto, el cobayo perfecto de los dioses está ingresando en su última versión: la sexta según los Mayas, y su etapa de refinamiento e implantación no tardará en llegar; esta etapa tiene altas chances de coincidir con los ciclos de cambio de era, donde una aniquilación global preparará el terreno para el nuevo prototipo de humanidad... no hemos de olvidar: el mejor suelo para sembrar proviene de las cenizas del cultivo anterior.

Enriqueciendo el planteo de ver nuestra realidad como lo que efectivamente parece ser: una Granja Humana, encontramos este informativo pasaje en el libro del psicólogo William Baldwin: CE-VI: Encuentros Cercanos del Tipo Posesión (en la versión original The DFE Tank Farm):
En cierto caso, una mujer de mediana edad descubrió lo que aparentaba ser un conducto adjunto en el área de la base de su espina dorsal. Se trataba de una cánula energética [¿tal vez un cordón etérico?] que extraía su fuerza vital. Al realizar el seguimiento con su visión interior, encontró que este se extendía bien lejos hacia el “espacio” en alguna otra zona, lo que parecía un pequeño planeta [¿quizá la Luna, y por eso Gurdjieff sostenía que eramos alimento para la Luna?].

Los trabajadores de aquel lugar eran de pensamiento lento, bastante lerdos para razonar pero atendían con diligencia sus tareas de recolección y cuidado de las estaciones de almacenaje de energía vital; se trataba de “silos” o “tanques” parecidos a lo que se utilizan en granjas o en las refinerías de petróleo de nuestro mundo.

Este era su único trabajo. Otros conductos similares venían de todas direcciones de innumerables seres vivos en muchos mundos hacia esta instalación de almacenamiento. Estos trabajadores recibían un pequeño porcentaje de la energía de fuerza vital recolectada en forma de compensación de un poderoso grupo de entidades superiores que controlaban la operación desde otro planeta. Estos trabajadores parecían no estar al tanto de ninguna otra cosa.

Fue entonces cuando intentamos llamar al líder de estas entidades. Y entonces respondieron: “Nuestra gente ha confeccionado este sistema de recolección y almacenamiento de la energía de fuerza vital. Las Entidades Negativas están a cargo de nuestra gente, y lo han estado desde hace mucho tiempo; y así es, las Entidades Negativas ordenaron el emplazamiento de todo este sistema de recolección de energía vital; asimismo estas Entidades Negativas toman lo recolectado para sus propios propósitos; y por cierto, nuestra gente es esclava de estas Entidades y no hay nada que podamos hacer al respecto, y desde ya agradeceríamos cualquier ayuda para lograr nuestra libertad.”

Decidimos llegar al fondo de esto y solicitamos intermediación de las Fuerzas Luminosas para hablar con la entidad superior que comandaba esta operación. En unos momentos, uno de ellos respondió a través de la voz de la mujer. Estaba sorprendido y muy irritado por la interrupción: “Efectivamente, nosotros usamos parte de la energía recolectada, pero la gran mayoría es llevada a un nivel por encima de nosotros en el reino de la oscuridad; y desconocemos lo que ocurre en tal plano.”
¿Queda algo por hacer? La masa humana, aquella que no aplique el análisis crítico y se deje arrear en el rebaño (político, cientificista o religioso), en las lapidarias palabras del rosacruz John Baines, estará condenada a aprender con métodos más arduos; probablemente en la próxima encarnación -en la sexta humanidad- pueda encontrar el sustrato y fricción suficiente con la cual comenzar a despertar; Baines prosigue en que sólo una pequeña cantidad de humanos despierta en cada iteración, y este despertar coincide con el trabajo interior del que ya hemos hablado.