La granja humana

Los extraños delineamientos de los artículos que aquí se presentan subrayan la consigna de nunca separarse de la verdad por aquello que preferiría creerse; en definitiva, si se es subjetivo, la verdad duele; por lo tanto, analice activamente la información que aquí compartimos: intente negarla o intente ratificarla; sólo con aplicación lo podrá intentar; y en ambos casos se estará haciendo un trabajo consciente; nuestra labor se podría considerar infructuosa sólo si se ignora el llamado.

Hemos considerado anteriormente el peaje de la experimentación física, evaluado cuidadosamente en función del costo/beneficio recaudado por entidades de consciencia superior de servicio egocéntrico, también conocido como moneda etérica o loosh; William Bramley en su libro Los Dioses del Edén (The Gods of Eden) nos comenta:
Los seres humanos parecen ser una raza esclavizada reproduciéndose en un planeta aislado de una pequeña galaxia. La raza humana fue una vez fuente de mano de obra para una civilización extraterrestre, para la cual seguimos siendo su posesión. Para mantener el control sobre su posesión y mantener a la Tierra como una especie de prisión, esa otra civilización ha alimentado un interminable conflicto entre los seres humanos, promoviendo su decadencia espiritual y ha creado en la Tierra condiciones irreversibles de penuria física. Esta situación ha existido por miles de años, y aún continúa hasta nuestros días.
Este canon de sufrimiento por pisar la Tierra es una cuota que todo ser humano debe pagar al nacer; se encuentra cuidadosamente orquestado sobre un sinfín de procesos bioquímicos y psíquicos que buscan profundizar e interferir la fina línea entre el balance y la búsqueda de la gratificación propia. Enrique Santos Discépolo nos insinúa en Cambalache (otra forma retórica de decir MixtusOrbis): "Vivimos revolca'os en un merengue y en el mismo lodo todos manosea'os."

A esta altura, hemos de estar conscientes de quiénes son los manoseadores, y cuales son sus intenciones para los próximos tiempos; como toda granja, existe un período de recuperación que busca que la población se incremente y se inyectan ingredientes tecnológicos para el engorde, en nuestro caso deberíamos ver con otros ojos el salto en las ciencias médicas, alimenticias y electrónicas luego de la Segunda Guerra Mundial: tal vez peridurales antes de la intervención.

¿Nos estamos quejando de los avances de la ciencia? Todo lo contrario. La diseminación rápida de la información, las terapias contra las enfermedades del cuerpo y proyectos como la Wikipedia o Khan Academy son logros del trabajo mancomunado y del servicio a los demás. Ocurre que estos avances deberían dejar el terreno fértil para el trabajo esotérico -la labor interna para la liberación de las ataduras físicas- y no servir de efecto anestésico para dormirnos aun más en la Ilusión. ¿O acaso hemos visto que estos logros trascendieran las barreras de las jerarquías y las mezquindades políticas, y se hiciera eco de los avances creativos en una sociedad más equitativa y justa?

Tal vez sea cierto que la consciencia crece despacio, como aquella analogía de las cañas de bambú.

Analicemos fríamente y veamos que en la médula de la sociedad, en aquel reducto donde se mezcla la autoridad, la política y la religión teócrata -los poderosos baluartes y soportes del sistema de control-, el ganado humano sigue estabulado y ordeñado a diario: tal vez no sea perceptible de manera directa nuestro concepto loosh, pero todos reconocemos la necesidad de vestirnos apresuradamente para cumplir los ajustados horarios laborales cuando el reloj suena por la mañana, y las emociones que esto involucra; del libro El Lenguaje de los Sentimientos de David Viscott:
Nuestra era moderna nos ha privado, probablemente de algo, al alejarnos del contacto personal directo con los elementos de la Naturaleza. Nos encontramos en un circo artificial donde nuestros adversarios son los patrones arbitrarios, los horarios exigentes, las prácticas poco equitativas y la burocracia, todos los cuales crean sentimientos de frustración y nos amenazan sin darnos una oportunidad adecuada de expresar nuestros sentimientos frente a la situación. Vivimos en una injusta esclavitud emocional.
Se nos ha obligado a despojarnos de nuestro instinto personal de sobrevivir, en nombre de algo llamado «seguridad a largo plazo», sin que se nos hayan señalado de antemano las consecuencias. Nunca imaginamos que en el curso de nuestra vida cotidiana y nuestra experiencia de trabajo, la mayor amenaza provendría de nuestros protectores.
Peor aun, parecemos disponer ya de pocos recursos para combatir estas amenazas, por cuanto luchar contra el sistema nos parece una tarea abrumadora. Puede que Don Quijote haya sabido bien lo que hacía cuando eligió como adversarios a los molinos de viento.
El traje del agente Smith, las
insignias del capitán Vidal
y los Nazgûl revoloteando
Corremos cual burro que arrastra la carreta, tras una zanahoria gastada por la intemperie y nos sentimos gozosos cuando logramos a fin de mes darle un mordisco ansioso, sólo para que se aleje un poco más de nuestro hocico; mientras en la carreta, los cerdos orwellianos vestidos con trajes y carteras a la moda, se revuelcan en comida. Pero nos sentimos satisfechos: los cerdos psicópatas han sido buenos amos, pues aquellos animales que han hecho cabriolas ante su porcina presencia se les ha dado una zanahoria completa: otro claro ejemplo de devoción teócrata y ponerogénesis tercermundista; y por lo tanto, los volvemos a elegir como nuestros gobernantes, masificándonos y restringiendo nuestra libertad aun más. George Orwell, nos advierte en su novela 1984:
Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando incesantemente un rostro humano.
¿Hemos de resignarnos? Pareciera que la realidad intenta explicarnos que la falsedad, la mentira y el trato mezquino es parte de la Creación, y debe ser aceptado como tal; una entidad de consciencia superior y de servicio al prójimo no es un vengador que portando una espada flamígera suprime de raíz las entidades parasitarias que dominan a la tercera densidad. Tal vez, aceptando y a la vez trascendiendo esta realidad tal como es, existe entonces la posibilidad de superación; en definitiva, todo parece reducirse a un simple problema de decisión, o si se prefiere de discernimiento: la capacidad de ver desde un punto de vista más objetivo una realidad que nos es, por herencia, subjetiva. Permítasenos cerrar con la siguiente cita del libro La Granja Humana del prestigioso Salvador Freixedo:
No sé si con este libro firmo mi sentencia de muerte.
Espero que alguien me defienda.
Pero si no fuese así, me iría con toda tranquilidad
de este desventurado planeta dirigido por imbéciles
y poblado en gran parte por tristes hormigas locas.
Irme... ¿a dónde? No lo sé.
Eso sólo lo saben con certeza los fanáticos religiosos.

5 comentarios:

nadiemejorquenadie dijo...

No se donde estabas metid@, pero me siento feliz de haberte encontrado...Un amigo.

ranandîro dijo...

... Estaba averiguando cosas, como siempre; y resultó ser un asunto sórdido y peligroso ... (El Hobbit, Cap. I, JRR Tolkien, 1937).

Feliz encuentro en verdad, amigos míos... (El Señor de los Anillos II, Cap. V, JRR Tolkien, 1954).

nadiemejorquenadie dijo...

Cuidado con el averiguar, a mi también me gusta, pero mi hija mayor me puso en la pista con un sueño suyo del alto precio en loosh que hay que pagar por empezar a saber, la caja de Pandora personal a veces desentierra uno, pensando encontrar el tesoro ansiado y el precio viene pegado a la misma, con el mal inseparable como castigo.
Averiguar si, pero con todas las precauciones.
El símil podría ser un hombre primitivo, que se adentra en una subestación eléctrica, cuidado, mucho cuidado...y ante todo enhorabuena por enseñarnos a otros. GRACIAS.

ranandîro dijo...

Efectivamente: el "cuidado" o la necesidad de estar alerta es el ingrediente primordial. Se ha escrito sobre lo que imbrica comenzar a transitar el Camino de la Gnosis junto a sus Riesgos.

Es por ello que animamos a meditar en el Balance: orientarse en servicio al prójimo pero respetar las elecciones entrópicas; se diría acaso que es la única que permite el Conocimiento pues respeta ambas distorsiones de la Directiva Primaria.

En las sucintas palabras de Montalk: Conocer la Oscuridad pero buscar la Luz.

Anónimo dijo...

Ir conociendo la oscuridad con un pequeño candil que no llama mucho la atención pero guía nuestros pequeños y humildes pasos hacia la entrada de la cueva donde reinan las sombras de Platón.