Mostrando las entradas con la etiqueta cassiopaea. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cassiopaea. Mostrar todas las entradas

Resonancia vibracional (III)

Podríamos aventurar que el verdadero don que potencialmente se logre al descender a densidades inferiores, consiste en la conquista propia a través del conocimiento interior; en las entregas previas, hemos visto que el conocimiento equivale al rango de cobertura, mientras que nuestra élan vital consiste en la amplitud del FRV del alma: conocer protege, no sólo porque al observar objetivamente reconozcamos el caos de nuestra realidad entrópica sin pretender que sea algo diferente, sino porque al entenderlo en profunidad, el grado de certidumbre externa deviene en asertividad interna.

En primer lugar, la asertividad nos conduce a mantener el balance interno, de forma de evitar que se involucren emociones negativas al analizar una perspectiva desfavorable de la realidad, pero que al mismo tiempo la atención mental logra bloquear; esta nula inversión emocional facilita utilizar las energías psíquicas así ahorradas en atraer la realidad positiva con la que resolvamos resonar emocionalmente. Y en segundo lugar, vemos que el orden puede emanar del caos al no desatender la realidad objetiva e intentar percibirla tal como es, evitando los filtros de la subjetividad y el hipnótico trance consumista con el que se nos trata de adoctrinar socialmente.

Pero si brindamos cierta licencia a las teofanías de Orfeo Angelucci, tal vez logremos reconocer una razón adicional para este -en palabras de Doris Lessing- descenso a los infiernos: en su prolongada ausencia de la vida humana, habiendo experimentado un OBE durante 7 días seguidos, Angelucci recuerda comulgar con entidades de consciencia superior de orientación positiva, con descripciones coincidentes a la de los Elfos del profesor Tolkien, en una realidad muy semejante a la atmósfera feérica de Lothlorien; (1) para enfatizar la realidad física de la cuarta densidad se le informa a Angelucci:
"Es todo una cuestión de la escala de vibración en la que se esté funcionando", explicó. "La tasa vibratoria de la materia densa que constituye el sustrato del planeta Tierra es extremadamente baja, por lo tanto, los cuerpos terrenales son lentos, densos y pesados. El índice vibratorio aquí es bastante más alto y la materia tan tenue que parece desde un medio físico denso como el vuestro, inexistente; pero como ahora te encuentras en un cuerpo con una tasa vibratoria en correspondencia, los fenómenos de este mundo te son tan reales como tu mundo de la Tierra."
Durante su etérica estadía en lo que se entiende como el planetoide Ceres en las fronteras del Cinturón de Asteroides entre Júpiter y Marte, Angelucci es informado que el planeta Tierra es actualmente una triste prisión de reos cósmicos, reencarnaciones de aquellas almas de orientación de servicio egótico que con su furia destruyeron su propio planeta y del que sólo quedan los restos en órbita; curiosamente, esta explicación coincide en las Transcripciones Cassiopaea cuando se comenta sobre Lucifer y la Llegada de los Caídos a la Tierra (2) desde el quinto planeta:
P: (Laura) Dijeron la otra noche que había un planeta entre Marte y Júpiter que fue destruido y se convirtió en el Cinturón de Asteroides. ¿Fue este planeta alguna vez habitado por seres conscientes?
R: Sí.
P: ¿Qué hizo que este planeta sea destruido?
R: Energía psíquica.
[...]
P: ¿Cuál es el origen de la raza aria?
R: El quinto planeta que ahora se conoce como el
Cinturón de Asteroides.
P: ¿Cuándo llegaron a la Tierra?
R: ¿Hace 80.000 años? Difícil para nosotros de usar su sistema de medición.
[...]
P: El planeta que fue destruido entre Júpiter y Marte, que ahora conocemos como el Cinturón de Asteroides, dijeron que fue destruido por la energía psíquica. ¿Podrían aclarar esto?
R: Los ocupantes de ese planeta, muchos de los cuales son sus antepasados del ​​alma, simplemente decidieron desarrollar un ambiente tan enfocado en el servicio a sí mismo que su realidad quedó tan super cargada negativamente que causó que su planeta fuese destruido dado los niveles de energía tan intensa, que colapsaron la estructura atómica del planeta, causando su explosión física.
P: ¿Se hizo esto tecnológicamente o fue estrictamente hecho por el poder de la mente?
R: Son una y la misma.
P: ¿Hicieron algo así como arrojar bombas?
R: No, no. Esto fue hecho a través de energía psíquica. Fue previsto de forma transitoria el peligro de que suceda lo mismo en su planeta. Aunque estamos bastante seguros de que no ocurrirá dado que vemos toda la realidad, pasado, presente y futuro
[las divinidades plerómicas o de sexta densidad son omniscientes de los futuros posibles]. Pero, hay que entender también que incluso desde nuestra perspectiva particular, toda realidad es, no obstante, fluida. Todavía hay muchas opciones de las realidades y los posibles futuros y posibles pasados ​​y presentes posibles. Pero nos sentimos bastante seguros de que ese destino en particular no caerá sobre su planeta, aunque sí el entonces conocido como Kantek.
En otro exótico sincronismo literario con esta visión, el profesor Tolkien hilvanó varias leyendas nórdicas en su relato sobre El Akallabeth (o «La Sepultada»), más tarde conocido como La Caída de Númenor, un cuento de la Segunda Edad donde los Altos Hombres de Númenor esclavizan a los hombres menores de la Tierra Media e intentan desafiar a las Potestades Creadoras de Valinor, y son entonces reprimidos, logrando huir algunos para crear los Reinos de Anor y Gondor pero viendo su anterior mundo destruido y desapareciendo los senderos hacia las Tierras Imperecederas.(3) En este sentido y resonando con el libro de Isaías 14:12-14, se le informa a Angelucci: (4)
"El tiempo es una dimensión, como sus científicos ahora conjeturan correctamente. Pero es sólo una dimensión cuando se aplica a las distintas densidades de la materia. En los estados absolutos, o no materiales de la conciencia, el tiempo es inexistente. Así que digamos que en uno de los marcos dimensionales del tiempo, hubo una vez un planeta en el sistema solar, llamado Lucifer; era de la densidad menos material que cualquiera de los planetas. Su órbita se extendía entre Marte y Júpiter. Entre los seres etéreos, o huestes celestiales, se lo llamaba la Estrella de la Mañana. Y entre todos los planetas era el más radiante: el nombre del príncipe de este planeta que brillaba también era Lucifer, un hijo amado de Dios."
Orion hizo una pausa y la tristeza más profunda se reflejó en sus ojos, y luego continuó: "Las leyendas de la Tierra sobre Lucifer y sus huestes son verdaderas; el orgullo y la arrogancia crecieron en los corazones de muchos Luciferinos. Descubrieron los secretos de la materia y también el gran Secreto de la Palabra Creadora. Finalmente buscaron convertir esta fuerza omnipotente en contra de sus hermanos que eran menos egoístas, y también contra los seres etéreos y contra el mismo Cosmos, tal fue su deseo el gobernar el Universo. Ya conoce el resto de la leyenda: cómo Lucifer y su seguidores fueron arrojados de su alto estado. En palabras más simples, los Luciferinos fueron entonces arrojados hacia la encarnación material: "cayeron" en las formas más densas de evolución material, lo que es la evolución animal de la Tierra."
El punto que pretendemos rescatar es que el Secreto de la Palabra Creadora bien puede tratarse de la resonancia vibracional, y que su descubrimiento y aplicación carente de higiene mental o impecabilidad puede llevar a una situación semejante; como se le explica a Angelucci el amor es más fuerte que la vida y más profundo que las insondables profundidades del tiempo y el espacio, y tal vez sea la razón por la cual tantos peregrinos hayan decidido embarrarse en los lodos de la tercera densidad para oportunamente hacer esta advertencia, previo al cambio de densidad. Y en este sentido, el cambio de densidad de consciencia quizá no se trate de un evento exógeno sino de un proceso de emergencia y de escisión de realidades; el investigador y escritor Daniel Ruzo lo expresó así en El Testamento de Nostradamus: (5)
Para los astros de nuestro sistema planetario, se produce cada 25.824 años solares. Para nosotros, es la repetición del lapso de “nuestra única vida,” la que vivimos y podemos recorrer millones de veces, para aprovechar todas sus posibilidades. Esto es posible porque con relación a los astros es otro nuestro “tiempo,” como es otro también el de los átomos que constituyen nuestro cuerpo físico. Los que “recordamos” formamos una gran familia. Los que no “recuerdan” quedan encerrados en los límites del tiempo de los relojes, que no puede explicar la profecía; en los limites del espacio de la geometría euclideana, que no puede explicar las geometrías no-euclideanas; y en límites de la férrea repetición de la causalidad, que no explica la “casualidad” ni el “accidente.”
Esta posibilidad humana de diferentes conciencias no es una ilusión ni una elaboración mental. Hemos experimentado algunas veces un cambio de consciencia en nosotros mismos; desgraciadamente ha durado pocas horas. Quien lo experimenta puede estar seguro de que se trata de verdadera conciencia, superior a la que llamamos normal, 1° por la felicidad especial que nos embarga; 2° porque creemos imposible perder ese estado y volver a la conciencia diaria; 3° por la seguridad que nos da de que ésa es la verdadera conciencia humana; 4° porque nos aparta de todas nuestras preocupaciones del mundo físico. Este proceso se encuentra explicado en el libro más difundido en todos los idiomas de la Tierra. Es San Pablo el que divide a los hombres en tres niveles de conciencia según su “sabiduría:” el de los “príncipes de este mundo,” que están dormidos, los “perfectos” que hablan sabiduría y que ya no duermen, y los “verdaderos adoradores,” que sin vanas palabras dan testimonio de la virtud y del poder de Dios porque han sido transformados. 
Esta idea de que cierta familia de humanos poseen la certidumbre interna de que un gran acontecimiento está próximo a suceder coincide con diferentes enfoques sobre eventos apocalípticos o de alcance planetario, en relación a la polarización de la humanidad: empatía vs. psicopatía, y evidentemente, no sólo es un fenómeno recurrente en nuestro planeta (e.g. los mitos sobre la Caída de la Atlántida, el Diluvio Universal, la Epopeya de Gilgamesh o el Arca de Noé que quizá todas provengan de un mismo acontencimiento), (6) sino como se le enseña a Angelucci, ocurrió previamente a la destrucción del planeta Kantek/Lucifer:
"Estuvimos entre los que no se unieron a los Luciferinos en su revuelta contra los ejércitos etéreos," explicó gentilmente. "Así que, aunque los Luciferinos hicieron pedazos nuestro planeta radiante en el holocausto de la guerra, nosotros entramos en el plano etéreo, en las octavas superiores no materiales como hijos liberados del Creador, mientras que los ejércitos de Lucifer cayeron en el sueño de la mente aprisionada en la materia en el planeta oscuro de los dolores."
Cuando Angelucci recuerda aspectos de la realidad de aquel mundo (tal vez de otra encarnación), se le responde con conceptos que coinciden graciosamente con las visiones de Robert Monroe, cuando comenta sobre los seres etéreos que habitan la Tierra en el supuesto año 3000 y que recurren a "contenedores" o cuerpos físicos, reservados para ocasiones en que requieran individualizarse en la superficie planetaria:
"Esta es una pequeña parte de lo que queda de ese mundo. Mencionas no estar familiarizado con muchas cosas, como los truenos y relámpagos y la cercanía del horizonte. Estas condiciones son nuevas para ti. Porque nosotros nos encontramos en uno de los más grandes planetoides del destrozado Lucifer. Es de tan sólo unos pocos cientos de kilómetros de diámetro, y por ello, la cercanía del horizonte, los truenos y relámpagos y el juego constante de los fenómenos de color en la atmósfera, siendo el resultado de las perturbaciones magnéticas, debido a la proximidad de otros asteroides; las nubes que ves arriba no son las nubes como las conoces en la Tierra, sino que sirven para ocultar los restos de nuestro planeta destrozado. Sólo pocas veces dejamos nuestro estado etérico del ser y entramos en nuestro antiguo marco de tiempo en manifestaciones individualizadas como nos ves a nosotros ahora."
El concepto de senderos escondidos a través de los que es posible ingresar en el plano etéreo también fue comentado en los escritos del profesor Tolkien, y que hemos hablado oportunamente como la Apertura del Cielo; Charles Upton profundizó al respecto en su tratado ufológico de Cracks in the Great Wall (Grietas en la Gran Muralla, en alusión al debilitamiento del velo entre el plano físico y el etéreo) basado en las enseñanzas del libro El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos de Réne Guénon.

* * *
*

Lovecraft y Derleth, entre Antiguos y Arquetípicos

Howard Phillips Lovecraft interpretamos a través de sus obras, fue otro errante que participó de mala gana de su estadía en estos extraños parajes; aquellos interesados en sus cuentos, sabrán que la mayoría de estos no llegaron a la altura de Poe, (1) a la profundidad de Borges ni a la coherencia mitopoeica de Tolkien. Sin embargo, hay una cuerda profunda que resuena en sus relatos... como si a través del letargo de sus curiosas y frecuentes enfermedades, su sofocado desaliento por el antirromanticismo casi patológico de nuestra era moderna, o tal vez porque, a diferencia de la mayoría que permanece dormida en la ilusión, logró ver con objetividad la trágica ubicación de la humanidad en el Cosmos.

Si analizamos sus relatos, la gran mayoría de ellos nombra a extrañas entidades denominadas Los Antiguos y otras aun más ominosas conocidos como Los Dioses Exteriores. Estas entidades parecen coexistir con la Humanidad, y la tragedia -en general, dentro de sus cuentos cualquier personaje que observa, pacta o invoca a alguno de ellos culmina con un ataque de locura sino algo peor- acontece cuando los caminos se cruzan.

Pero por extraño que parezca, la locura que afecta a los personajes no parece ser una consecuencia directa causada por estas entidades -al menos en la mayoría de los relatos- sino más bien porque el protagonista no puede soportar la nueva panorámica de la realidad, es decir, la presencia de estos seres deja en claro que la perspectiva de la humanidad como punto cúlmine de la cadena alimenticia es falsa; del cuento Del Otro Lado (From Beyond, 1920) de H. P. Lovecraft: (2)
Súbitamente, comprendí que yo también tenía una suerte de visión amplificada. Sobre la caótica confluencia de luces y sombras, se erigió una escena que estaba dotada de solidez y precisión, a despecho de su aparente vaguedad. De alguna manera no parecía tan extraño, ya que la imagen insólita se imprimía sobre el transfondo terrestre conocido, a la manera en que una cinta cinematográfica se proyecta sobre un telón blanco de un teatro. Pude ver el laboratorio del altillo, la máquina eléctrica y la figura desencajada de Tillinghast enfrente mío; pero ninguna ínfima proción del espacio que separaba a estas cosas estaba vacía. Infinitas formas indefinibles, vivas o inertes, se entreveraban en un caos abominable; y al lado de cada objeto conocido, se movían mundos enteros y seres exóticos e ignotos. También parecía que los objetos cotidianos componían los desconocidos y viceversa. Había entre los seres vivos, principalmente, monstruos negros y pegajosos que se estremecían fláccidamente siguiendo el ritmo de las vibraciones que emitía la máquina. Su presencia era abarcadora, y descubrí horrorizado que se superponían, que era semifluidas y capaces de penetrarse mutuamente, atravesando lo que conocemos como cuerpos sólidos. Jamás permanecían inmóviles, sino que parecían moverse con algún objetivo malvado. Con frecuencia, se comían los unos a los otros, arrojándose el atacante sobre la víctima y haciéndola desaperecer de la visión. [...]

— ¿Lo ves? ¿Lo ves? ¿Ves los seres que flotan y caen en torno y a través tuyo a cada momento de tu vida? ¿Ves las criaturas que forman parte de lo que los hombres llaman aire puro y cielo azul? ¿No he logrado romper la barrera, no te he mostrado mundos que ningún otro ser vivo ha visto?
[...] ¿Crees que esos seres ameboides mataron a los criados? ¡Son inofensivos! Pero los criados han desaparecido, ¿no? [...] ¿Qué fue lo que mató a los criados? ¿Qué fue lo que los hizo gritar así?... no lo sabes, ¿eh? ¡Pronto lo sabrás! Mírame, escucha cuanto te digo, ¿crees que existen de verdad cosas tales como tiempo y magnitud? ¿Crees que existen cosas como forma y materia? ¡Pues yo te digo que me he sumido en profundidades que tu pequeño cerebro no alcanza siquiera a intuir! He visto más allá de los límites del infinito y frecuentado a los demonios de las estrellas... he viajado a lomos de las sombras que saltan de mundo en mundo sembrando la muerte y la locura... el espacio me pertenece, ¿me oyes? Tengo a ciertos seres ahora a mis talones, seres que devoran y disuelven, pero yo sé cómo escapar de ellos.
En efecto, Los Antiguos y Los Dioses Exteriores parecen estar por encima de la Humanidad, y en todo caso la devoran o esperan que esta le rinda extraños cultos. Aquellos que conozcan el ensayo sobre el Necronomicon de Colin Wilson podrán comprender más a fondo el correlato entre los mitos de H. P. Lovecraft, los aliens (o ultraterrestres) y lo que en la mitología árabe se conoce como Jinns o Genios; es ciertamente probable que Los Antiguos no sean otros que la alta jerarquía de los Sheytans o Ifrits ubicados en la Cuarta Densidad de servicio egocéntrico, conocidos como Arcontes por los gnósticos:
Con todo esto me resulta fácil creer que, una vez Lovecraft quedó absorbido por sus Mitos Cthulhu, sus “invenciones” tomaron vida propia, obteniendo su vitalidad del inconsciente colectivo. Y veinticinco años después de su muerte, Pauwels y Bergier presentaron su propia evidencia con la conclusión de que los seres humanos no eran las primeras criaturas inteligentes que deambulaban por la superficie de este mundo y que la Tierra puede haber recibido visitantes del espacio miles, sino millones, de años antes de que el hombre apareciese (sus teorías fueron popularizadas por el suizo Erich van Daniken). Y en libros con títulos como The UFO Menace y Why Are They Watching Us? los expertos en temas OVNI han adelantado teorías sobre los “alienígenas del espacio,” que se parecen notablemente a las últimas narraciones de “ciencia-ficción” de Lovecraft.
The Old Ones cotéjese con la
descripción de los Reptoides
encapuchados en las
Transcripciones Cassiopaea
Nos queda entonces ubicar a los Dioses Exteriores... y aquí el Modelo provisto por el Ra Material y confirmado una década más tarde por las Transcripciones Cassiopaea nos puede echar algo de luz: al parecer y como la Realidad Física está dividida en cuatro soportes (tierra, agua, aire y fuego), los Dioses Exteriores son aquellas entidades que han trascendido estas densidades físicas pero con una orientación egoncéntrica, y el grado de gravedad que han acumulado les impide abandonar su estado de quintaesencia: es decir, los Dioses Exteriores permanecen en quinta densidad y sólo pueden proyectarse en la realidad física a través de otros seres encarnados que los invoquen.(3)

August William Derleth albacea y editor póstumo de su venerado Lovecraft agregó el engranaje definitivo a los Mitos de Cthulhu; ahora además de los nefastos Antiguos y los terribles Dioses Exteriores existían unos seres superiores y «benignos» conocidos como los Arquetípicos.

Parece curioso, pero Derleth dio en la tecla justa declarando que los Arquetípicos no eran necesariamente «buenos» en el sentido humano, sino que actuaban de manera independiente, manteniendo una orientación creativa que se contraponía a las entidades del caos que gobiernan la realidad humana. ¿Tal vez lo que conjeturó fue la Sexta Densidad, aquellos seres de consciencia pura que honran la libertad humana? ¿Acaso no se los describe como los grandes enemigos de los Dioses Exteriores, en eterna batalla por el Cosmos?

* * *
*

De Hobbits y Dragones

Es poco probable que alguien que leyó El Señor de los Anillos se perdiera de disfrutar El Hobbit; para aquellos que desconozcan del tema, Tolkien comenzó a escribir este cuento para sus hijos, durante las largas noches del invierno británico (en aquella época no había Internet, televisión, y la radio recién había aparecido pero la familia no tenía inicialmente muchos recursos ni apreciaba los electrodomésticos):
El Hobbit relata la historia de Bilbo, quien sería luego el tío de Frodo, designado por Gandalf como el elemento clave de un grupo de expedición de Enanos en la búsqueda de la recuperación del Reino de la Montaña Solitaria.

En los primeros tramos de la historia, Bilbo resulta ser una verdadera carga y en más de una oportunidad sus compañeros deben auxiliarle para sacarlo de alguna situación complicada. Ha decir verdad los líderes de la expedición se plantean varias veces si la designación de Gandalf no fue errónea. Todo cambia durante una noche de tormenta, cuando el grupo es secuestrado mientras dormía en una cueva infestada de orcos.

El ojo entrenado quizá reconozca algo importante.

Es aquí cuando Bilbo despierta en la oscuridad de los túneles subterráneos y se topa con el Anillo Soberano. Es curioso pero en las primeras ediciones de El Hobbit, el Anillo y los acertijos con Gollum revisten poca importancia... el hallazgo del objeto numinoso: el Deus ex Machina que pone al hobbit a la altura de sus demás compañeros al conferirle invisibilidad. Hay algunos que ven en el Anillo un artefacto que facilita el cambio de densidad... ¿quizá de la tercera a la cuarta y por ello resulte invisible el poseedor?

Bilbo entonces se convierte en el líder del grupo, y devuelve el favor más de una vez al liberar a sus compañeros de varios enredos y guiarlos por fin a la Montaña Solitaria. Allí de nuevo es él quien descubre la forma de entrar, quien encara al Dragón y descubre la forma de eliminarlo.

Y aquí hay una serie de señales sutiles que vale la pena observar en detalle: durante la primera incursión dentro de la montaña, Bilbo logra recuperar un copón de oro del tesoro del Dragón; este hecho hace despertar al guardián y es allí donde ocurre el segundo evento notable: Bilbo al dialogar con el Dragón observa un lugar en su pecho carente de protección. De alguna forma esta información es escuchada por unos ancestrales pájaros custodios que logran transmitir este conocimiento a un guerrero de antiguo linaje quien emprende la épica batalla de enfrentar al Dragón.

Luego que la Montaña parece haber perdido a su infernal guardián, ocurre el tercer hecho curioso: Bilbo encuentra la Piedra del Arca; sobre esta piedra no queda exactamente claro pero no parece ser una factura de los Enanos sino parte de su Herencia o Legado del Pueblo de los Enanos, según nos informa Thorin.

Ilustración en el primer tomo del
Señor de los Anillos
En esta historia, un cuento que parece ser para niños, se presentan elementos simbólicos poderosos: el Grial, la Cábala (el Lenguaje de los Pájaros, el mágico lenguaje divino usado por las Aves para comunicarse con el Iniciado) y el Arca. Estos artefactos figuran en casi todas las mitologías con diferentes nombres: en la literatura escandinava, un artefacto con las características del Grial se denomina Sampo, algo similar ocurre con la Cornucopia; en los cuentos sajones surge el Irminsul, el pilar o piedra que une la Tierra con el Cielo.

Lo extraño de todo esto es que los artefactos, artilugios o tan sólo el simbolismo que hay detrás de ellos pareciera coincidir con la famosa Lapis Exillis... la Piedra del Exilio o la Piedra del Cielo, también conocida como Piedra de la Luz.

Curiosamente, la obra inicial del profesor Tolkien, sobre la que se apoya la historia y lugares de El Hobbit, habla también de estas joyas de luz: los Silmarils; en efecto, toda la Primera Edad de su mitología gira alrededor del destino de estas tres joyas: en los Cielos junto a Earendil, (1) en los fuegos del interior de la Tierra y en las profundidades de las aguas del Mar, que también se relacionan con los Anillos de los Señores Elfos: Vilya, Narya y Nenya.

Pero lo más interesante: los Silmarils sólo son los últimos frutos de los dos árboles sagrados: Telperion y Laurelin. ¿Serían estos los famosos Ashwath Vriksha de la mitología india: los árboles sagrados o de la vida? ¿Con qué extraños y arcanos conocimientos se habrá topado el profesor Tolkien durante su investigación filológica para nombrar y honrar tanto a los Arboles en su vida y en su obra?

Leyendo las transcripciones del Experimento Cassiopaea, donde se habla en numerosas oportunidades de la importancia de los Arboles y la Cabala, cabe la inquietud si la Lengua Verde es el lenguaje de la canalización de información, ya que se podría entender a los Ángeles (Divinidades Plerómicas o la Sexta Densidad de Pensamiento Unificado) y el simbolismo de alas y aves con el concepto de Avian Lords. Dejamos esto como cuestión abierta, quizá alguien de entre la Hermandad nos pueda orientar...

* * *
*

Los Peregrinos de Tolkien

Hablemos un poco de Gandalf, el mago itinerante del Señor de los Anillos. Recordemos el nombre con que los elfos lo denominaban: Mithrandir, el Peregrino Gris. ¿Quién era Gandalf? Para la historia de la novela quedará como el mago que muere al enfrentar al Demonio en Moria, que significativamente retorna con un color definido, ya sin grises, y que desempeña el papel de catalizador en la destrucción de Sauron. ¿Acaso alguien se ha percatado de la raíz de este nombre? ¿Qué relación oculta habrá descubierto el profesor Tolkien entre este Aborrecido demiurgo, El Señor de los Anillos, y los saurios? ¿Por qué la extraña forma reptoide del Ojo? Sin embargo, el profesor Tolkien en un borrador de una carta al «Sr. Rang», sostiene:
Por tanto, resulta ocioso comparar semejanzas casuales entre nombres constituidos de «lenguas élficas» y palabras de lenguas «reales» exteriores, especialmente si se pretende que esto tenga alguna relación con las significaciones o ideas de mi historia. Para tomar un caso frecuente: no existe conexión lingüística ni, por tanto, conexión de significación entre Sauron, forma contenporánea de una más antigua, θaurond-, derivada del adjetivo θaurã (de una base de raíz THAW), «detestable», y la palabra griega σαύρα, «lagarto».
Pero Gandalf tiene un nombre diferente cuando accedemos a la historia previa de la Tercera Edad: su verdadero nombre en las Tierras Imperecederas era Olòrin (que proviene de olo-s visión o «construcción de la mente»): Señor de los Sueños Creativos. Podemos aventurar, por el relato que le transmite a Pippin durante la cabalgata hacia Gondor, que fue Olòrin quien sugirió la creación de los Silmarils al elfo Fëanor; después de todo Fëanor (Espíritu Ígneo) tiene bastante del vivo espíritu del Gandalf encarnado, y no olvidemos quién era el guardián de Narya, el Anillo de Fuego. Olòrin durante la Primera Edad no fue un Valar (una Potestad de la Creación), sino un Maiar: un espíritu angélico menor, pero de enorme conocimiento. Y es aquí donde puede ser de interés calzar las gafas de las densidades de consciencia... en definitiva, un Valar es claramente un ser de Sexta Densidad, y un Maiar es una entidad espiritual de Quinta Densidad.

Cuando Gandalf el Gris muere al enfrentar a una poderosa entidad de servicio egótico/destructivo, como es el Balrog de Moria, y renace como Gandalf el Blanco, es posible percibir una transmutación, o si se prefiere, una ascensión. Algo parecido es lo que ocurre al elfo Glorfindel -un personaje trágicamente eliminado de la película- que al morir en una situación similar durante la Primera Edad, vuelve reencarnado evidentemente ascendido en un Maiar, todavía en cuerpo de elfo, con capacidad de manifestarse en su esencia pura si la situación lo amerita, como ocurre cuando enfrenta a los Nueve Jinetes en el Vado de Bruinen.

Gandalf, el Bodhisattva Gris
La religión budista posee el término Bodhisattva para aquella entidad orientada significativamente en el Camino del Budha, que sin embargo y por amor a la humanidad vuelve a encarnar. Las Transcripciones Cassiopaea y las del Material Ra poseen un término curioso para aquella entidad que trascendió la Tercera Densidad (el nivel de consciencia humano) y que sin embargo decide volver a encarnar para brindar servicio al prójimo: un Wanderer. Para el ojo entrenado, la simetría de las características y los nombres son alarmantes: los magos Gandalf, Saruman y Radagast son Bodhisattvas en una misión, enviados como heraldos por los Valar; y como el profesor Tolkien nos cuenta:
Eran emisarios de los Señores del Oeste, los Valar, que todavía se reunían para el gobierno de la Tierra Media, y cuando la Sombra de Sauron empezó a agitarse otra vez, adoptaron medidas para oponerle resistencia. Con el consentimiento de Eru enviaron a miembros de su elevada orden, pero investidos en el cuerpo de Hombres, reales y no fingidos, sujetos a los temores y los dolores y las fatigas de la tierra, vulnerables al hambre, la sed y la muerte; aunque a causa de sus nobles espíritus no morían, y sólo envejecían por los cuidados y los trabajos de los largos años.
Y esto hicieron los Valar en el deseo de poner remedio a los errores de antaño, en especial el de haber intentado guardar y recluir a los Eldar por obra de una gloria y un poderío plenamente revelados; mientras que ahora sus emisarios tenían prohibido mostrarse con una forma majestuosa, o tratar de gobernar la voluntad de los Hombres y de los Elfos por despliegues manifiestos de poder, y se les ordenó que, asumiendo una forma débil y humilde, orientaran hacia el bien con consejo y persuasión a los Hombres y a los Elfos, e intentaran unir en amor y comprensión a todos aquellos a los que Sauron, si volvía, trataría de dominar y corromper.
Es fascinante observar como su labor es precisamente unir en amor y comprensión a las densidades de consciencia inferiores, es decir, en marcar el camino de servicio al prójimo; y como esta tarea debe realizarse con humildad y sin imposición, es decir, respetando el libre albedrío.

El modelo Wilwarin de las densidades

En el Ainulindalë se plantea un enriquecido paradigma de nuestra realidad; por supuesto, bajo un manto de cuidada mitología. John Ronald Reuel Tolkien fue un filólogo que se interesó en las historias de los seres que hablarían sus lenguas imaginarias; también se suele agregar que fue un cristiano católico; sin embargo, el ojo entrenado no dudaría en observar que fue un iniciado, y que sus libros destilan de conocimiento esotérico. Es evidente además, que el bien en su obra está en función del servicio y la entrega (el camino hacia la santidad de Frodo, la renuncia y la vida errante de Aragorn y el sacrificio de Gandalf entre otros), y en enaltecer la libre voluntad.

Cuando se plantea la Música de los Ainur asistimos no sólo a una medida de tiempo mitológica, sino a una realidad de seres que trascienden a casi cualquiera de los personajes del Señor de los Anillos. Estas entidades incorpóreas son las Potestades de la Creación, algunas inclinadas al "bien" y otras que buscan la esclavitud, la oscuridad y la ruina. Dentro de los Ainur reconocemos a los Valar como los poderes angélicos y senescales de la Creación de Ilúvatar, les siguen los Maiar espíritus menores y ayudantes de los primeros:
Con los Valar vinieron otros espíritus que fueron también antes que el Mundo, del mismo orden de los Valar, pero de menor jerarquía. Son éstos los Maiar, el pueblo sometido a los Valar, y sus servidores y asistentes. El número de estos espíritus no es conocido de los Elfos y pocos tienen nombre en las lenguas de los Hijos de Ilúvatar; porque aunque no ha sido así en Aman, en la Tierra Media los Maiar rara vez se han aparecido en forma visible a los Elfos y los Hombres.
Luego siguen los primeros nacidos, o sea, los Elfos, junto con una rama derivada de Ents y Enanos. Mientras los Ents y Elfos habitan bajo el cielo de la Tierra Media, los Enanos trabajan en Casas de Piedra. De la perversión, surgen los Orcos y los Trolls, y quizá los Enanos Oscuros. Por debajo está el Hombre, que sin embargo no posee un lado perverso separado (¿quizá se trate de un mixtusorbis?):
Creen los Elfos, sin embargo, que los Hombres son a menudo motivo de dolor para Manwë [Senescal de la Creación], que conoce mejor que otros la mente de Ilúvatar [El Todo]; pues les parece a los Elfos que los Hombres se asemejan a Melkor [Senescal de la Destrucción] más que a ningún otro Ainu, aunque él los ha temido y los ha odiado siempre, aun a aquellos que le servían.
Hay quizá unos acordes semejantes en otra octava: el modelo de Cassiopaea, que coinciden sanamente con el provisto por el Ra Material, muestra la Creación compuesta de 7 densidades:
  1. materia inanimada;
  2. fauna y flora;
  3. humanidad;
  4. seres de orientación egocéntrica por un lado, y de servicio al prójimo por otro;
  5. contemplación y administradores de realidades;
  6. administradores y consultores de universos;
  7. en unión con la Creación;
Algo que llama poderosamente la atención es que el modelo Cassiopaea sitúa en la cuarta densidad, la que se nos advierte como de fisicalidad variable (¿tal vez, al ser más sutil que la nuestra?), la necesidad de elegir entre dos orientaciones: aquella de servicio a sí mismo, que no respeta el libre albedrío, habitada por lo que la humanidad ve como Demonios, y por otro lado, entidades de servicio al prójimo; análogamente, el profesor Tolkien muestra a los Orcos (es notable donde nos lleva la raíz de la palabra orcis) como seres destructores y violentos, y en la orilla opuesta a los edénicos Elfos.

Debemos invitar ahora a otro curioso investigador, quien horadó el velo de las densidades a través de la radiestesia: Thomas Charles Lethbridge, un arqueólogo inglés que por más de treinta años ocupó el cargo de director de excavaciones en la Sociedad de Antigüedades de Cambridge. En una de sus anécdotas comenta que para evitar la espera del datado de piezas históricas, comenzó a utilizar el péndulo y a constatar que una vez obtenidos los análisis, las fechas coincidían con rangos bastante aceptables.

Fue en aquel entonces que se interesó en el uso del péndulo y de la radiestesia desde una óptica científica, elaborando un modelo en el cual se entendía al péndulo como una extensión física de la mente; en sus palabras (The Power of the Pendulum, capítulo III):
El péndulo pareciera lograr contactar a uno con algo que conoce [más allá de los cinco sentidos]. En un principio fui reticente a confiar en este procedimiento, aunque trabajé duro y experimenté incesantemente. Ahora, cuando constaté que el péndulo efectivamente funcionaba, entonces un nuevo punto de vista de la realidad emergió.
Es notable que el péndulo parece reaccionar tanto con cosas concretas como con ideas abstractas [...] Se podría describir a la radiestesia como los "rayos de pensamiento:" lo que pareciera ser análogo a una onda emanada de un radar formada por los propios pensamientos que cuando el péndulo oscila es que este onda ha detectado una obstrucción (el objeto que se pensaba), y se ha reflejado sobre el patrón mental el cual se proyecta en el sistema nervioso.
En este sentido, los movimientos ideomotores que se reflejan en la oscilación del péndulo coinciden con la frecuencia mental del objeto o idea en la que se piensa; la longitud de la cadena debe estar en sintonía con la idea que se persigue; experimentando con diferentes longitudes, Lethbridge se topó con lo que denominó un nuevo segmento de la espiral de la realidad, la cuarta densidad:
Por el momento quizá sea suficiente con decir que la vida en el siguiente nivel es tal vez cuatro veces más rápida que en nuestra realidad física, y aparentemente el tiempo no es una restricción.
Y hay algo que queda claro: si mi razonamiento es correcto, ningún ser humano tiene la frecuencia de vibración necesaria como para percibir las entidades o eventos que en los planos superiores acontecen. Se puede suponer que toman partido en un espectro ajeno a la realidad física. [...] Tal vez, con capacidades mediúmicas se pueda atravesar el velo de a momentos, pero requerirá un incremento dramático de la frecuencia vibratoria.
Lethbridge no sólo identificó a la cuarta densidad como el siguiente anillo de la espiral al que atribuye como destino general cuando se duerme o al que se accede para tener una visión profética, sino también dos niveles superiores: el tercer anillo (la quinta densidad) al que posiblemente se acceda al morir, y otro aun más alto que no pudo comprender en su totalidad (la sexta densidad); intentó continuar probando pero no pudo determinar qué había después de este último anillo de la espiral.

Curiosamente, el Material Ra y las Transcripciones Cassiopaea describen la quinta densidad como de contemplación por el hecho de ser el estado de consciencia al desencarnar; el profesor Tolkien hace hablar al Rey Thorin sobre los Salones de Espera, y en el Silmarillion se nos comenta que son los Valar: Mandos y Nienna, los senescales de estos parajes, que se encuentran en el Reino Bendecido (el plano espiritual); recordemos que es allí donde van los Elfos cuando mueren, para luego reencarnar.

Es de la sexta densidad de donde aparentemente provienen las fuentes de canalización Cassiopaea y el Material Ra; se la describe habitada por seres complejos (conjuntos de consciencias) omniscientes, cuya tarea es diseminar Conocimiento al resto de la Creación; el gnosticismo las denomina como Eones o divinidades plerómicas (de la palabra pleroma cuyo significado es abundancia, en el Material Seth pueden entenderse como las Gestalts de energía primarios o como los Arquetipos jungianos): seguramente, la analogía con las Potestades Creadoras o Ainur, sirvientes bajo la égida del Único, es notable.