Entre senderos que resuenan y se bifurcan

Una importante cuestión que podría estar ligeramente asociada a la tecnología psíquica es que las emociones parecen trascender el tiempo lineal; requeriremos de cierta munición pesada para marchar con algún éxito en nuestra campaña, así que comenzaremos invitando los silogismos literarios del notable Jorge Luis Borges:
La explicación es obvia: El jardín de los senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos.
Esta compleja idea de series infinitas de tiempo puede conducirnos a una inquietante presunción: la Creación como tal ya existe de forma acabada y completa, con todas sus tramas y desenlaces, y la consciencia funcionaría como un selector entre las distintas ramificaciones posibles. Si por un momento el lector se anima a atravesar el pétreo dintel de nuestro aparente desvarío,(1) apreciará una construcción infinita dimensional —si lo prefiere, en un principio de sólo tres dimensiones— en donde todas las posibilidades del plano físico, con sus subjetivos éxitos y fracasos, coexisten de manera fraternal; para explicar mejor esto, Borges introduce los conceptos de John William Dunne, autor del libro An Experiment with Time (2) donde explica su teoría sobre la naturaleza del tiempo y la consciencia que denominó “serialismo:”
Este [libro] razona que un sujeto consciente no sólo es consciente de lo que observa, sino de un sujeto A que observa y, por lo tanto, de otro sujeto B que es consciente de A y, por lo tanto, de otro sujeto C, consciente de B... No sin misterio agrega que esos innumerables sujetos íntimos no caben en las tres dimensiones del espacio, pero sí en las no menos innumerables dimensiones del tiempo.

[Dunne] postula que ya existe el porvenir, con sus vicisitudes y pormenores. Hacia el porvenir preexistente (o desde el porvenir preexistente, como Bradley prefiere) fluye el río absoluto del tiempo cósmico, o los ríos mortales de nuestras vidas. Esa traslación, ese fluir, exige como todos los movimientos un tiempo determinado; tendremos, pues, un tiempo segundo para que se traslade el primero; un tercero para que se traslade el segundo, y así hasta lo infinito.
Podríamos entender a estos otros sujetos —que no caben en el espacio tridimensional— como entidades que han trascendido el nivel de consciencia humano. De existir estas entidades de consciencia superior, gozarían no sólo de una vista más objetiva del extraño laberinto del tiempo, sino también una capacidad de selectividad no secuencial y de acceso directo (pues experimentarían la cuarta densidad con una libertad tetradimensional); y si estas entidades tuviesen una desconsideración supina o intencionalidad espuria tal vez basadas en algún oscuro provecho de los crueles bucles y callejuelas sin salida, quizá hasta promoviesen el desconcierto y el extravío por los senderos de la depravación y la degeneración humana. El físico teórico Michio Kaku propone en su libro Hyperspace: A Scientific Odyssey Through Parallel Universes, Time Warps, and the Tenth Dimension una idea semejante:
Imagine un ser capaz de caminar por las paredes. No tendría que molestarse en abrir puertas; las atravesaría directamente. [...] Su automóvil nunca quedaría cerrado accidentalmente desde adentro; podría simplemente entrar atravesando la puerta del automóvil. Imagine un ser capaz de desaparecer o reaparecer a voluntad. [...] Imagine tener la visión de Rayos-X. [...] Sería capaz de ver accidentes ocurriendo a la distancia. [...] Imagine un ser capaz de alcanzar el interior de un objeto sin necesidad de abrirlo. [...] Sería aclamado como maestro cirujano por poseer la habilidad de reparar los órganos internos de sus pacientes sin nunca realizar cortes en la piel, reduciendo así muchísimo el dolor y el riesgo de infección. [...]

Imagine lo que haría un criminal con estos poderes. Podría entrar en el banco mejor vigilado. Podría ver los objetos valiosos a través de las enormes puertas de la bóveda, llegar a ellos y sacarlos de ahí. Después podría salir caminando mientras las balas de los guardias lo atravesaran. Con estos poderes, ninguna prisión podría detener a ningún criminal. No se nos podría ocultar ningún secreto. [...] seríamos omnipotentes.

¿Qué ser podría poseer tal poder digno de un dios? Un ser de un mundo de dimensiones superiores. Por supuesto, estas dotes están más allá de la capacidad de cualquier persona tridimensional. Para nosotros, las paredes son sólidas y las rejas de una prisión son irrompibles. Al tratar de atravesar las paredes sólo terminaríamos con una nariz lastimada. Pero para un ser de cuatro dimensiones, estas hazañas serían un juego de niños.
Tenemos entonces una idea de las posibles entidades que se pasean en las invisibles densidades superiores, y esta vez, no se menosprecie, informado casi en términos esotéricos por un integrante del bando cientificista; devolvamos el báculo a Borges quien tiene algo más con que persuadirnos:
Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí [...]

El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado.
¿Lo creerás, Ariadna?—dijo Teseo—
El Minotauro apenas se defendió.(4)
Ahora bien, analicemos la otra cara de la moneda y veamos entonces que aquel sendero atroz debe poseer una bifurcación piadosa. ¿Cómo imponerse ese porvenir que pretendemos? (3) Si las emociones se desentienden del tiempo lineal entonces un marcado patrón emocional en el presente que resuene con el mismo patrón en aquella bifurcación del futuro es la clave; luego, si ambos concuerdan, surge un bucle de realimentación entre la situación actual y la futura que fomenta la licuefacción de ese futuro probable hasta su consolidación en el presente; en las Sesiones Cassiopaea se sostiene:
Si no hay final y tampoco hay principio, ¿qué cosa tenemos? El aquí y ahora que son también el futuro y el pasado. Todo lo que fue, es y será, sucediendo simultáneamente. Esta es la razón por la cual muy pocas personas en la tercera densidad son capaces de entender el verdadero concepto del viaje espacial, porque aun si el viajar por el espacio a través de su tercera densidad es una actividad tan imbuida de características espaciales propias de la tercera densidad como lo sería acostarse en la cama por la noche, en la comodidad de su propio hogar, la coordenada temporal es sustraída de la ecuación. Esta coordenada temporal es algo por lo que sienten tanto cariño como por su propia madre, no obstante, es la mayor ilusión que opera en su densidad. En forma repetida hemos dicho que no existe el tiempo, a pesar de lo cual, en razón de haber sido tan eficientemente programados para aceptar este concepto, no hay manera de que puedan liberarse del mismo, sin importar qué tan fuertemente lo intenten, ¿no es así? Imagínense viajando al espacio exterior. Estarían totalmente perdidos cuando se enfrentaran con la realidad de que todo es todo al mismo tiempo, ¿no lo creen?
Erróneamente se puede inferir entonces que es fácil la “creación de la propia realidad;” postulamos anteriormente que la resonancia emocional acentúa determinados escenarios en la esfera personal; pero ciertamente no es fácil y no viene sin esfuerzos concentrados de nuestra parte. En cierto modo, recibimos lo que brindamos a la vida, y sólo el sincero esfuerzo consciente provoca cambios en nuestro entorno que serán ciertamente positivos. Evitar poner empeño en ello, a través de ese malhadado instinto de rapiña humano, buscando de forma gratuita o por medio del oportunismo lo que debe obtenerse con esfuerzo, es decir, obrar sin impecabilidad, nos convierte en alimento.

Remarquemos entonces que nuestra idea de fondo no es “hacer algo específico para obtener algo específico” como se indica en la mayoría de los textos sobre Creación de la Propia Realidad: esto no se diferenciaría demasiado de un ritual: una conducta mecánica orientada a producir un cambio forzado en la naturaleza a cambio de un negociado energético; deseamos remarcar la idea de la necesidad de estar alerta de cómo la realidad externa refleja parcialmente (dado que es compartida) el paisaje interno y la fuerte necesidad de higiene emocional para mantener un sincronismo positivo sobre nuestra porción de realidad; en este sentido, Thomas Minderle nos advierte sobre las estacas del determinismo en las que se apuntala cualquier desenlace: (5)
Téngase en cuenta que la resonancia emocional sólo se ocupa de la parte sincrónica y probabilística de la vida: lo que todavía está abierto al cambio. También existe la causalidad y el lado determinista que incluye todos los efectos físicos de las causas físicas que, no importa cuánto intente curvar la probabilidad, no pueden ser anulados o deshechos.

Si usted choca su coche, y luego intenta sostener una sensación de alivio, no espere que el accidente se revierta mágicamente, porque lo hecho hecho está; en el mejor de los casos, podrá atraer una recuperación médica fácil junto a una rápida solución legal y financiera del accidente. Cualquiera que sea el futuro probable que usted intente atraer debe incorporar el presente y el pasado preexistente.

Los pensadores de la Nueva Era se equivocan cuando tratan de ignorar los problemas existentes en la actualidad y piensan que por cerrar sus mentes desaparecerá de su realidad. No es así, la ley no funciona de esa manera. Puede configurar el futuro, pero realmente no se puede cambiar el pasado.
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Parásitos etéricos (III)

Rastrear el origen del acceso de las entidades parasitarias puede llevar a oscuros pozos de sufrimiento y renegación propia durante la infancia; este aspecto poco estudiado en ufología, religión o demonología, reviste de fundamental importancia dentro de la psicología, dado que los traumas infantiles son las semillas de los trastornos en la adultez. (1)

En la actualidad pocos ufólogos han conectado los traumas psicólogicos con los procesos de abducción; quizá se deba a que en el campo ufológico impera el estudio de fenómenos de avistamientos o anomalías aéreas. La conexión con las aberraciones psíquicas durante las observaciones, llámense fenómenos de desrealización o despersonalización, fueron expuestas principalmente por el doctor Jacques Vallée quien no tardó en relacionarlas con sus estudios en parapsicología; cuando años más tarde propuso la teoría del sistema de control en su libro Dimensions (Crónicas de Otros Mundos), el Hilo de Ariadna nos conectará con los sincronismos del doctor Carl Gustav Jung.

Cualquier estudio serio sobre la obra del doctor Jung requiere mínimamente del conocimiento sobre los trabajos iniciales de la neurosis del doctor Sigmund Freud e inevitablemente —como tercero en discordia— el marginado doctor Wilhelm Reich y su energía orgón. Sin necesidad de ponernos académicos, resulta imprescindible notar que estos tres doctores de la mente hallaron una conexión entre las enfermedades psicosomáticas y los traumas infantiles; es evidente que los trastornos de ansiedad y la distorsión de la energía orgón están directamente vinculados, y si nos atreviéramos a enlazar los fenómenos poltergeist quizá estemos en la ruta de su eventual correspondencia con los hambrientos habitantes de Cuarta Densidad: una neurosis puede entenderse como el sangrado emocional de una víctima, y si hubiese predadores de nivel superior que se alimentaran de estas úlceras, ¿qué otro comportamiento que el fraguado de sincronismos negativos para aumentar los picos de miedo y ansiedad? Louis Proud en su notable libro Dark Intrusions nos informa al respecto: (2)
Claramente, los fenómenos poltergeists corresponden a los espíritus imperfectos que pertenecen a la categoría de ruidosos y bulliciosos. La mayoría —si no todas— de estas entidades responsables por la parálisis del sueño son de naturaleza detrimental.
Pero en el caso Enfield, era obvio que más de una clase de entidad estaba envuelta. Luego de la separación de sus padres, un evento que causó a la familia mucha ansiedad y stress, un grupo de entidades —quizá tanto como diez— se anexaron a Janet [la hija de 11 años del matrimonio]. Varios mediums que las visitaron, comentaron que las auras de Janet y su madre estaban teniendo pérdidas de energía, que los poltergeists usaban para manifestarse. [...] Los poltergeists son entonces “vampiros energéticos, como los son la mayoría de las entidades responsables de ataques de parálisis del sueño. No sería ilógico concluir que aquellos más abiertos a la posesión por entidades malsanas sean personas que de algún modo estén emocionalmente traumadas o sexualmente frustradas. Janet probablemente estaba sufriendo de ansiedad y depresión. Y además estaba alcanzando la edad de la pubertad, cosa que también debería de ser considerada.
Pero esta clase de ataques podría llamar la atención a más de un investigador y revelar así la clase de salvaje victimario... el ápice estratégico de Cuarta Densidad de orientación negativa intenta inteligentemente pasar desapercibido: es preferible actuar con subrepción y enfocar los esfuerzos en zonas o acontecimientos que permanezcan en las penumbras del pasado, donde jamás nos atraveríamos a iluminar y cuestionar situaciones que se encuentran emocionalmente ligadas a nuestros afectos infantiles. La antorcha que llevaría luz a las sombrías y abandonadas habitaciones del niño traumatizado sería portada por la psiquiatra Alice Miller, de quien nos hemos referido en varias oportunidades, en especial cuando intentamos hilvanar por qué la humanidad encuentra satisfactorio obedecer ciegamente o plegarse en movimientos sociales, políticos o religiosos que debiliten su ya limitada libertad; Miller comenta en El Drama del Niño Dotado:
Muchas personas conservan durante toda su vida este sentimiento de culpa, esta sensación opresiva de no haber satisfecho las expectativas de sus padres. Es más fuerte que cualquier intento por explicar, desde una perspectiva intelectual, que la tarea de un niño no puede consistir en satisfacer las necesidades de sus padres. No hay argumento capaz de contrarrestar estos sentimientos de culpa, pues tuvieron su origen en una etapa muy temprana y de ella recaban su intensidad y contumacia. Sólo en una terapia reveladora podrán ir disolviéndose lentamente.
La mayor de las heridas —no haber sido amado por lo que uno era— no puede curarse sin el trabajo del duelo. Puede ser negada con más o menos éxito (como por ejemplo en la grandiosidad y la depresión), o reabierta constantemente en la compulsión a la repetición. Encontramos esta última posibilidad en la neurosis obsesiva y en la perversión. Las reacciones de desprecio de los padres ante el comportamiento del niño permanecen registradas en él y almacenadas en su cuerpo como recuerdos inconscientes.
Analicemos fríamente lo siguiente: ¿qué paciente puede sanar si no se reconoce enfermo? Cuando hablamos de la enfermedad del Wetiko descrita por Paul Levi, del arquetipo del vampiro estudiada por la psicóloga Barbara Hort, o cuando nos referimos a los arcontes denunciados como los reconfiguradores de la humanidad en los Textos Gnósticos, estuvimos exponiendo el flagelo de los parásitos etéricos o envolturas exógenas desde diferentes perspectivas: una plaga silenciosa que parasita los espacios mentales y de la que lamentablemente nos hemos acostumbrado, aunque su presencia nos resulta aun invisible: un Síndrome de Estocolmo que ha nacido en los albores de nuestra existencia, donde la presión moral nos ha hecho doblegarnos frente al agresor. La doctora Miller prosigue en Salvar tu Vida: la Superación del Maltrato en la Infancia:
Para el niño pequeño sus padres son como dioses todopoderosos, omniscientes y bondadosos. Siempre. Cuando vive experiencias que contradicen esta imagen, cuando el padre bondadoso le grita o le pega, el niño intenta «explicar» los motivos culpándose a sí mismo para salvaguardar la integridad de esos dioses que necesita para sobrevivir. Este empeño infantil se corresponde con la actitud de muchas corrientes religiosas y filosóficas que se esfuerzan también por conservar esta imagen infantil de Dios.
¿Por qué el buen Dios sacrificó a su hijo y permitió que lo crucificaran? Para redimirnos de nuestros pecados. ¿Por qué nos prohíbe la capacidad de comprender inmediatamente después de crearnos (de nuestro nacimiento), antes de que la persona «peque»? Con seguridad por nuestro bien. No necesitamos entender sus razonamientos porque creemos en su amor. ¿Por qué permite que haya guerras, maltrato infantil y absurdos asesinatos si siendo todopoderoso seguro que podría ayudarnos? Porque somos malvados y no merecemos nada mejor. Uno podría continuar y escribir con estas un lindo librito para niños. Pero no tiene nada que ver con la realidad de un adulto capaz de sentir y que no necesita en su vida estas contradicciones tan evidentes.
¿Adónde pretendemos llegar? Un parásito requiere del debilitamiento de las barreras que naturalmente protegen de la agresión a fin de colonizar al huésped; en nuestro estudio previo sobre el FRV (la frecuencia de resonancia del alma), vimos que un balanceado FRV conlleva una personalidad afable e impasible centrada en la objetividad, pero agresiones crónicas durante el desarrollo temprano, cuando el infante es coercitivamente adoctrinado por sus padres o tutores, lleva al debilitamiento o total nulificación de las barreras de defensa: un ataque deliberado o una negligencia encubierta del núcleo parental hacia el infante arrastra al FRV a las zonas de miedo y pavor; finalmente, las semillas de la humillación y carencia de amor propio se siembran cuando la sombra de la moral culpógena es caracterizada en psicopáticos delineamientos religiosos como el honrar al agresor: el Antiguo Testamento Bíblico ha sostenido en la sociedad occidental durante milenios el sometimiento al victimario:
«Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Exodo 20, 12)
Observemos que este desdeñable adoctrinamiento perpetúa el abuso como herencia familiar: los hijos hoy traumatizados serán los victimarios padres del mañana, pero existe también el otro lado de la moneda, y es que a pesar de encontrarse en la edad adulta, el individuo de una forma u otra seguirá infligiéndose el material traumático mientras no tenga la voluntad de empatizar con estos fantasmas del pasado; el resultado de este ciclo urobórico será entonces el destilado de emociones detrimentales que, con lentitud pero de manera persistente a lo largo de toda su existencia, nutrirá a las entidades negativas de Cuarta Densidad; pero el opresivo aleccionamiento parental ofrecerá a través del bajo FRV lo que informáticamente se conoce como back-door o puerta trasera: una secuencia programada ad-hoc para evitar las medidas psíquicas de seguridad y acceder así al núcleo del sistema mental.(3) ¿Acaso es posible abducir a un individuo que manifieste un alto y vasto FRV? Un individuo que no se somete al agresor, que se conoce a sí mismo y se encuentra atento de su entorno posee una formidable defensa psíquica; en las sesiones de Cosmic Awareness se nos refuerza este punto de vista:
Los Aliens promueven la idea que se piense en ellos como dioses, como salvadores o como autoridades a las que se debe obedecer sin voluntad propia. Y esto se extiende a las víctimas que eligen abducir: ellos prefieren a los sumisos, sobre todo a los que ceden su voluntad ya sea por miedo, por devoción o por un desviado aprecio que se asemeja a la autoridad paternal; los Aliens desprecian a aquellos que ven objetivamente lo que son; es muy difícil que ellos abduzcan a una entidad que es objetiva, que le es hostil, sabiendo que su Conocimiento le fortalece interiormente. Por eso, la docilidad y mansedumbre fue tan fomentada en las religiones teocráticas.
El bajo FRV conduce a una
mente mecánica y manipulable
¿Observar la situación desde una perspectiva superior tal vez nos permita una visión objetiva? Un espíritu errante acude a la llamada de la humanidad en las orillas de un profundo cambio de consciencia; para ello, necesita encarnar en una familia, y debe beber las aguas del olvido de Leteo; de las posibles opciones restringidas que se le brinden, quizá se someta a aquellas que le conduzcan a un desasosiego y alienación, tal vez para evitar quedarse dormido e ingresar en el ciclo de las encarnaciones de Tercera Densidad. Pero el desbalance que se origina en una elección en contra de sí mismo tiene repercusiones que son inmediatamente aprovechadas por la jerarquía nefasta. Si la ufología se pudiese entender como la protociencia que estudia la liberación del alma de la mecanicidad a la que se ha confinado a la humanidad, podríamos reconocer aquella famosa frase: “sólo la Verdad os hará Libres” o también “sólo impedirá ver la verdadera Luz dejar fuera a la Oscuridad.”

Permítasenos concluir con una cita de un borrador en progreso sobre La Tecnología Confrontando al Reino Etérico (4) que aúna el pensamiento rosacruz de Rudolf Steiner y las corrientes cristiano-escatológicas:
Es nuestro egoísmo que imagina que somos buenos y que el mal está “allá afuera,” por lo que seremos los elegidos para la buena vida gratificante siguiente. No: sería muy perjudicial cualquier tecnología que hiciese que nuestras vidas fuesen prósperas y sencillas, mientras que nos situemos en una actitud cómoda y pasiva.
La misión más profunda de la humanidad consiste en descubrir activamente la verdadera Libertad y la esencia del Amor. Para lograr eso, somos una mezcla de los Cielos y la Tierra, de la Luz y la Oscuridad, donde tenemos que entender estas diferencias y, finalmente, tomar decisiones conscientes. Debido a que somos esta mezcla destinada por Dios, debemos permanecer en equilibrio mientras nuestra conciencia penetra en la sub-naturaleza [cuarta densidad de orientación pasiva] hasta lograr elevarse hacia la super-naturaleza [cuarta densidad de orientación activa].
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Resonancia vibracional (III)

Podríamos aventurar que el verdadero don que potencialmente se logre al descender a densidades inferiores, consiste en la conquista propia a través del conocimiento interior; en las entregas previas, hemos visto que el conocimiento equivale al rango de cobertura, mientras que nuestra élan vital consiste en la amplitud del FRV del alma: conocer protege, no sólo porque al observar objetivamente reconozcamos el caos de nuestra realidad entrópica sin pretender que sea algo diferente, sino porque al entenderlo en profunidad, el grado de certidumbre externa deviene en asertividad interna.

En primer lugar, la asertividad nos conduce a mantener el balance interno, de forma de evitar que se involucren emociones negativas al analizar una perspectiva desfavorable de la realidad, pero que al mismo tiempo la atención mental logra bloquear; esta nula inversión emocional facilita utilizar las energías psíquicas así ahorradas en atraer la realidad positiva con la que resolvamos resonar emocionalmente. Y en segundo lugar, vemos que el orden puede emanar del caos al no desatender la realidad objetiva e intentar percibirla tal como es, evitando los filtros de la subjetividad y el hipnótico trance consumista con el que se nos trata de adoctrinar socialmente.

Pero si brindamos cierta licencia a las teofanías de Orfeo Angelucci, tal vez logremos reconocer una razón adicional para este -en palabras de Doris Lessing- descenso a los infiernos: en su prolongada ausencia de la vida humana, habiendo experimentado un OBE durante 7 días seguidos, Angelucci recuerda comulgar con entidades de consciencia superior de orientación positiva, con descripciones coincidentes a la de los Elfos del profesor Tolkien, en una realidad muy semejante a la atmósfera feérica de Lothlorien; (1) para enfatizar la realidad física de la cuarta densidad se le informa a Angelucci:
"Es todo una cuestión de la escala de vibración en la que se esté funcionando", explicó. "La tasa vibratoria de la materia densa que constituye el sustrato del planeta Tierra es extremadamente baja, por lo tanto, los cuerpos terrenales son lentos, densos y pesados. El índice vibratorio aquí es bastante más alto y la materia tan tenue que parece desde un medio físico denso como el vuestro, inexistente; pero como ahora te encuentras en un cuerpo con una tasa vibratoria en correspondencia, los fenómenos de este mundo te son tan reales como tu mundo de la Tierra."
Durante su etérica estadía en lo que se entiende como el planetoide Ceres en las fronteras del Cinturón de Asteroides entre Júpiter y Marte, Angelucci es informado que el planeta Tierra es actualmente una triste prisión de reos cósmicos, reencarnaciones de aquellas almas de orientación de servicio egótico que con su furia destruyeron su propio planeta y del que sólo quedan los restos en órbita; curiosamente, esta explicación coincide en las Transcripciones Cassiopaea cuando se comenta sobre Lucifer y la Llegada de los Caídos a la Tierra (2) desde el quinto planeta:
P: (Laura) Dijeron la otra noche que había un planeta entre Marte y Júpiter que fue destruido y se convirtió en el Cinturón de Asteroides. ¿Fue este planeta alguna vez habitado por seres conscientes?
R: Sí.
P: ¿Qué hizo que este planeta sea destruido?
R: Energía psíquica.
[...]
P: ¿Cuál es el origen de la raza aria?
R: El quinto planeta que ahora se conoce como el
Cinturón de Asteroides.
P: ¿Cuándo llegaron a la Tierra?
R: ¿Hace 80.000 años? Difícil para nosotros de usar su sistema de medición.
[...]
P: El planeta que fue destruido entre Júpiter y Marte, que ahora conocemos como el Cinturón de Asteroides, dijeron que fue destruido por la energía psíquica. ¿Podrían aclarar esto?
R: Los ocupantes de ese planeta, muchos de los cuales son sus antepasados del ​​alma, simplemente decidieron desarrollar un ambiente tan enfocado en el servicio a sí mismo que su realidad quedó tan super cargada negativamente que causó que su planeta fuese destruido dado los niveles de energía tan intensa, que colapsaron la estructura atómica del planeta, causando su explosión física.
P: ¿Se hizo esto tecnológicamente o fue estrictamente hecho por el poder de la mente?
R: Son una y la misma.
P: ¿Hicieron algo así como arrojar bombas?
R: No, no. Esto fue hecho a través de energía psíquica. Fue previsto de forma transitoria el peligro de que suceda lo mismo en su planeta. Aunque estamos bastante seguros de que no ocurrirá dado que vemos toda la realidad, pasado, presente y futuro
[las divinidades plerómicas o de sexta densidad son omniscientes de los futuros posibles]. Pero, hay que entender también que incluso desde nuestra perspectiva particular, toda realidad es, no obstante, fluida. Todavía hay muchas opciones de las realidades y los posibles futuros y posibles pasados ​​y presentes posibles. Pero nos sentimos bastante seguros de que ese destino en particular no caerá sobre su planeta, aunque sí el entonces conocido como Kantek.
En otro exótico sincronismo literario con esta visión, el profesor Tolkien hilvanó varias leyendas nórdicas en su relato sobre El Akallabeth (o «La Sepultada»), más tarde conocido como La Caída de Númenor, un cuento de la Segunda Edad donde los Altos Hombres de Númenor esclavizan a los hombres menores de la Tierra Media e intentan desafiar a las Potestades Creadoras de Valinor, y son entonces reprimidos, logrando huir algunos para crear los Reinos de Anor y Gondor pero viendo su anterior mundo destruido y desapareciendo los senderos hacia las Tierras Imperecederas.(3) En este sentido y resonando con el libro de Isaías 14:12-14, se le informa a Angelucci: (4)
"El tiempo es una dimensión, como sus científicos ahora conjeturan correctamente. Pero es sólo una dimensión cuando se aplica a las distintas densidades de la materia. En los estados absolutos, o no materiales de la conciencia, el tiempo es inexistente. Así que digamos que en uno de los marcos dimensionales del tiempo, hubo una vez un planeta en el sistema solar, llamado Lucifer; era de la densidad menos material que cualquiera de los planetas. Su órbita se extendía entre Marte y Júpiter. Entre los seres etéreos, o huestes celestiales, se lo llamaba la Estrella de la Mañana. Y entre todos los planetas era el más radiante: el nombre del príncipe de este planeta que brillaba también era Lucifer, un hijo amado de Dios."
Orion hizo una pausa y la tristeza más profunda se reflejó en sus ojos, y luego continuó: "Las leyendas de la Tierra sobre Lucifer y sus huestes son verdaderas; el orgullo y la arrogancia crecieron en los corazones de muchos Luciferinos. Descubrieron los secretos de la materia y también el gran Secreto de la Palabra Creadora. Finalmente buscaron convertir esta fuerza omnipotente en contra de sus hermanos que eran menos egoístas, y también contra los seres etéreos y contra el mismo Cosmos, tal fue su deseo el gobernar el Universo. Ya conoce el resto de la leyenda: cómo Lucifer y su seguidores fueron arrojados de su alto estado. En palabras más simples, los Luciferinos fueron entonces arrojados hacia la encarnación material: "cayeron" en las formas más densas de evolución material, lo que es la evolución animal de la Tierra."
El punto que pretendemos rescatar es que el Secreto de la Palabra Creadora bien puede tratarse de la resonancia vibracional, y que su descubrimiento y aplicación carente de higiene mental o impecabilidad puede llevar a una situación semejante; como se le explica a Angelucci el amor es más fuerte que la vida y más profundo que las insondables profundidades del tiempo y el espacio, y tal vez sea la razón por la cual tantos peregrinos hayan decidido embarrarse en los lodos de la tercera densidad para oportunamente hacer esta advertencia, previo al cambio de densidad. Y en este sentido, el cambio de densidad de consciencia quizá no se trate de un evento exógeno sino de un proceso de emergencia y de escisión de realidades; el investigador y escritor Daniel Ruzo lo expresó así en El Testamento de Nostradamus: (5)
Para los astros de nuestro sistema planetario, se produce cada 25.824 años solares. Para nosotros, es la repetición del lapso de “nuestra única vida,” la que vivimos y podemos recorrer millones de veces, para aprovechar todas sus posibilidades. Esto es posible porque con relación a los astros es otro nuestro “tiempo,” como es otro también el de los átomos que constituyen nuestro cuerpo físico. Los que “recordamos” formamos una gran familia. Los que no “recuerdan” quedan encerrados en los límites del tiempo de los relojes, que no puede explicar la profecía; en los limites del espacio de la geometría euclideana, que no puede explicar las geometrías no-euclideanas; y en límites de la férrea repetición de la causalidad, que no explica la “casualidad” ni el “accidente.”
Esta posibilidad humana de diferentes conciencias no es una ilusión ni una elaboración mental. Hemos experimentado algunas veces un cambio de consciencia en nosotros mismos; desgraciadamente ha durado pocas horas. Quien lo experimenta puede estar seguro de que se trata de verdadera conciencia, superior a la que llamamos normal, 1° por la felicidad especial que nos embarga; 2° porque creemos imposible perder ese estado y volver a la conciencia diaria; 3° por la seguridad que nos da de que ésa es la verdadera conciencia humana; 4° porque nos aparta de todas nuestras preocupaciones del mundo físico. Este proceso se encuentra explicado en el libro más difundido en todos los idiomas de la Tierra. Es San Pablo el que divide a los hombres en tres niveles de conciencia según su “sabiduría:” el de los “príncipes de este mundo,” que están dormidos, los “perfectos” que hablan sabiduría y que ya no duermen, y los “verdaderos adoradores,” que sin vanas palabras dan testimonio de la virtud y del poder de Dios porque han sido transformados. 
Esta idea de que cierta familia de humanos poseen la certidumbre interna de que un gran acontecimiento está próximo a suceder coincide con diferentes enfoques sobre eventos apocalípticos o de alcance planetario, en relación a la polarización de la humanidad: empatía vs. psicopatía, y evidentemente, no sólo es un fenómeno recurrente en nuestro planeta (e.g. los mitos sobre la Caída de la Atlántida, el Diluvio Universal, la Epopeya de Gilgamesh o el Arca de Noé que quizá todas provengan de un mismo acontencimiento), (6) sino como se le enseña a Angelucci, ocurrió previamente a la destrucción del planeta Kantek/Lucifer:
"Estuvimos entre los que no se unieron a los Luciferinos en su revuelta contra los ejércitos etéreos," explicó gentilmente. "Así que, aunque los Luciferinos hicieron pedazos nuestro planeta radiante en el holocausto de la guerra, nosotros entramos en el plano etéreo, en las octavas superiores no materiales como hijos liberados del Creador, mientras que los ejércitos de Lucifer cayeron en el sueño de la mente aprisionada en la materia en el planeta oscuro de los dolores."
Cuando Angelucci recuerda aspectos de la realidad de aquel mundo (tal vez de otra encarnación), se le responde con conceptos que coinciden graciosamente con las visiones de Robert Monroe, cuando comenta sobre los seres etéreos que habitan la Tierra en el supuesto año 3000 y que recurren a "contenedores" o cuerpos físicos, reservados para ocasiones en que requieran individualizarse en la superficie planetaria:
"Esta es una pequeña parte de lo que queda de ese mundo. Mencionas no estar familiarizado con muchas cosas, como los truenos y relámpagos y la cercanía del horizonte. Estas condiciones son nuevas para ti. Porque nosotros nos encontramos en uno de los más grandes planetoides del destrozado Lucifer. Es de tan sólo unos pocos cientos de kilómetros de diámetro, y por ello, la cercanía del horizonte, los truenos y relámpagos y el juego constante de los fenómenos de color en la atmósfera, siendo el resultado de las perturbaciones magnéticas, debido a la proximidad de otros asteroides; las nubes que ves arriba no son las nubes como las conoces en la Tierra, sino que sirven para ocultar los restos de nuestro planeta destrozado. Sólo pocas veces dejamos nuestro estado etérico del ser y entramos en nuestro antiguo marco de tiempo en manifestaciones individualizadas como nos ves a nosotros ahora."
El concepto de senderos escondidos a través de los que es posible ingresar en el plano etéreo también fue comentado en los escritos del profesor Tolkien, y que hemos hablado oportunamente como la Apertura del Cielo; Charles Upton profundizó al respecto en su tratado ufológico de Cracks in the Great Wall (Grietas en la Gran Muralla, en alusión al debilitamiento del velo entre el plano físico y el etéreo) basado en las enseñanzas del libro El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos de Réne Guénon.

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